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superación

  • Mi vida era perfecta, estaba muy contenta y, pese a tener solo quince años, sabía lo que quería hacer. Me gustaba ayudar a la gente, trabajar en temas sociales, era voluntaria de una asociación de amigos de la gente mayor… Lo tenía todo muy bien organizado y, de repente, apareció la enfermedad y mi vida cambió por completo. Los primeros síntomas empezaron de forma muy sutil. Un día una gota, un día otra y, tras unos meses, al ver que persistía, mi madre decidió llevarme al médico. No fui escandalizada, nadie se altera por una gota de sangre y, de hecho, tampoco me alteré con el diagnóstico. Era muy joven y no entendía qué me decían. Escuché las palabras «colitis …

  • A veces tengo la sensación de que toda mi vida ha sido salir de una y meterme en otra. Trabajas y trabajas, luchas a diario por seguir adelante, pero parece que todo lo malo te pase a ti. He llegado a un punto en que soporto menos las tonterías de los demás. Mira que me gusta escuchar y ayudar, pero según qué cosas me superan. Cuando ves lo bien que les van las cosas a otros y se siguen quejando…No es justo. Incluso he llegado a pensar que ya le podría haber tocado a otro y no a mi madre. No le deseo mal a nadie, sé que no está bien decir eso, pero me da rabia que me haya …

  • Por aquel entonces ni siquiera sabía quién era el «médico de la sangre». Pronto lo descubrí, vaya si lo hice. Hacía unos meses que no me encontraba bien, sentía malestar y estaba siempre cansada. En aquellos momentos combinaba trabajo y estudios y hacía mucho deporte, así que en un principio lo atribuí al esfuerzo que estaba haciendo. Pero cuando ya vi que por mucho que descansara seguía igual, decidí ir al médico. Me hicieron análisis y algo salió mal, debía ir al famoso médico de la sangre, es decir, al hematólogo. La sorpresa fue que no encontró nada. «Todo está bien, existe solo en tu cabeza». Yo, sin embargo, estaba tan agotada que cuando salía con mis amigos terminaba en …

  • Estaba trabajando. Me encontraba en un muy buen momento. Era comercial de unos viñedos pequeños, había conseguido hacer crecer el negocio, el trabajo me encantaba, acababa de empezar una relación… No podía pedir más; era la vida perfecta para un chico de treinta y cinco años. Pero, entonces, todo se desmoronó. No recuerdo muy bien qué ocurrió. En mi mente hay un lapso de un año y medio en el que todo es muy difuso. Lo que sí sé es que tuve un accidente de coche que me causó un traumatismo craneoencefálico y un derrame cerebral que me dejaron diversas secuelas, como problemas de tacto, sensibilidad, movilidad y, sobre todo, de visión. Perdí la vista por completo, me quedé ciego.

  • Me encontraba en la mejor época de la vida. Tenía veintiún o veintidós años, trabajaba, practicaba deporte, estudiaba, salía con los amigos… Llevaba una vida normal y corriente cuando, de repente, me hacen unas pruebas y ven que tengo la tensión muy alta. Lo normal, a esa edad, es estar sobre doce y seis; yo llegaba a veintidós de máxima y catorce de mínima. No era una simple hipertensión, en cualquier momento podía sufrir un infarto. Así que me medicaron y empezaron a hacerme pruebas para saber qué estaba ocurriendo en mi cuerpo. A partir de ahí, todo cambió. Sufría una disfunción renal que me acabaría llevando por un largo camino de pruebas, controles, tratamientos y, finalmente, a un trasplante …

  • Desde pequeña quise ser médica. Con lo que disfrutaba de verdad era curando a mis muñecas. Es algo que siempre he llevado dentro y que hizo que ya en la escuela fuera un ratón de biblioteca. En cuanto tenía un momento libre me ponía a estudiar. Sabía que para poder hacer Medicina necesitaba sacar la mejor nota posible, y desde muy pronto me centré en lograrlo. No me fue bien. Hice la selectividad y no salió la nota que yo quería. Saqué un 8,3 y la nota media del año anterior estaba en 9,2. Ahí empezó mi desesperación. ¿Qué haría si no era suficiente? Quizá podía irme al extranjero. Aunque no era mi primera opción, no lo podía descartar. Pero, …

  • Hasta los catorce años tuve una infancia normal. Era una niña abierta y feliz a la que le gustaba hacer las cosas que hacen todos los críos: salir con mis amigas, jugar, cantar, bailar… Pero, entonces, apareció la sordera. Sufría una hipoacusia mixta bilateral con afección a la cóclea. Mi padre ya estaba completamente sordo y mi hermana también había empezado a presentar síntomas. Sabíamos que era algo hereditario y que nos podía tocar a cualquiera de los siete hermanos, pero eso no lo hacía más fácil. Cuando comienza el proceso sabes que acabarás totalmente sorda. Esperas que no te toque… Yo no tuve esa suerte. Poco a poco fui perdiendo audición y, con ello, parte de una conexión con …

  • Cuando me dio el primer mareo me encontraba en una situación bastante complicada. Tenía una niña de diecisiete meses, acababa de nacer mi segundo hijo, me estaba recuperando de una cesárea, mi marido viajaba mucho por trabajo y a mi madre le acababan de diagnosticar un cáncer terminal. Estaba aquí, tumbada en el sofá, hablando con mi marido y mi hermana sobre cómo nos íbamos a organizar y, de repente, me empezó a dar vueltas la cabeza. «Estás agotada, eso será del cansancio y el estrés que llevas encima», me dijeron. Y no les faltaba razón, el niño no dormía, me dolía todo y sufría por mi madre, así que podría ser agotamiento. No le di más importancia.

  • Hace cinco años mi vida era muy normal, como la de cualquier otra persona. Era una estilista dedicada al mundo de la moda a quien las cosas no le podían ir mejor. Había comenzado a los veintiún años y, tras veinte años, tenía un negocio más que establecido. Mi tienda de ropa y complementos funcionaba muy bien y cada vez me solicitaban más servicios de estilismo; tanto, que decidí cerrar la tienda y dedicarme solo a la asesoría de imagen, que era lo que más me gustaba. Me encontraba en un momento perfecto. Entonces, en medio de ese cambio, empezaron a surgir problemas en mi familia y llegó una etapa muy oscura que nos envolvería por completo durante más de …

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