Mi historia

by Klara

¡Bienvenida a Historias que importan!

Soy Dolors, una española afincada en Alemania que ha sido traductora durante casi toda su vida y que hace dos años decidió embarcarse en una nueva aventura y dedicarse a lo que más le fascina en este mundo, acercar a las personas a través de su historia. Estoy convencida de que las historias nos conectan y contribuyen a crear un mundo mejor. ¿Te interesa saber un poco más? Quédate y te cuento cómo empezó todo.

Crecí en un pueblo de montaña en una familia muy normal. Mi padre era electricista y mi madre llevaba la tienda de electrodomésticos. Se podría decir que mis primeros catorce años los pasé entre lavadoras, televisores y aparatos varios. Supongo que, por eso, decidí mi futuro delante de un televisor. La verdad es que yo no lo recuerdo, pero dice mi madre que cuando tenía unos nueve años vi a una intérprete en la televisión y enseguida le dije que yo quería hacer lo mismo que esa chica. Quería ayudar a las personas a entenderse entre ellas como hacía ella. «Entonces quieres ser traductora», me dijo mi madre. Y en los años siguientes me centré en esa meta.

Fui una buena estudiante, seguí todos los pasos que se suponía que debía seguir, me saqué más títulos de los que caben aquí y lo logré. Me convertí en traductora y durante años fui muy feliz. Viajé mucho, viví en distintos países, trabajé en varias ciudades y llegué a sitios que jamás me hubiera imaginado. Sin embargo, pronto empecé a sentir que me faltaba algo. No sabía muy bien qué me ocurría, había alcanzado mi sueño, tenía un buen trabajo y estaba viviendo experiencias increíbles. ¿Qué más podía pedir? Nada, debía seguir. Era muy afortunada y no podía echarlo todo a perder. Y seguí, con un enorme sentimiento de culpabilidad y sin mover un dedo para cambiar las cosas.⠀⠀⠀⠀⠀

Pero un buen día me convertí en madre y el mundo se me vino encima. Bueno, eso es lo que pensé en su momento. En realidad, ahora veo que fue lo mejor que me pudo pasar. Y es que, con el cansancio que trae la maternidad, ya no aguanté más. Toqué fondo y, con mucho esfuerzo, me acabé levantando con la energía necesaria para intentarlo. No fue fácil, mi mente no me daba tregua, «lo único que sabes hacer es traducir, ¿a quién quieres engañar?» Pero no me rendí y, tras unos años de búsqueda y muchos cursos, me topé con la fotografía y, tiempo después, con la escritura. Yo, que no había tocado nunca una cámara y que siempre había pensado que no sabía escribir, estaba aprendiendo a hacer fotos y disfrutaba escribiendo pequeñas historias.

escritura, detalles, historias que importan

Esas dos aficiones me ayudarían a sobrellevar el trabajo. Pero, una vez más, no fue suficiente. Esa niña que siempre había querido ser un punto de conexión entre personas seguía sintiéndose un poco huérfana. Entonces, en 2016 hice un curso de escritura que me cambió la vida. A mis compañeras les gustaban mucho mis historias y eso hizo que algo hiciera click en mi cabeza. Inventarme relatos estaba muy bien, pero por qué no escribir historias reales, esas que nos rodean y que, sin embargo, no solemos pararnos a escuchar. Si combinaba la escritura y la fotografía podía crear un espacio donde la gente se pudiera parar y dedicar unos minutos a esos relatos de vida y, sobre todo, pudieran sentirse identificados porque da igual de dónde vengamos; al final, todos tenemos una historia que contar.

Estamos hechos de historias que merecen ser contadas. Tu historia importa.

No tenía ni idea de si gustaría o de si pronto me quedaría sin personas a quienes entrevistar. ¿Dónde buscaría nuevas historias cuando eso pasase? Y no hablemos de las entrevistas en sí, nunca había hecho una… En realidad, sigo sin hacerlas, a mí me gusta escuchar. El caso es que, pese a todos esos miedos, sentía que tenía que intentarlo, que un proyecto así era necesario. Historias que importan sería un lugar de encuentro, de conexión entre personas, en el que los protagonistas serían gente corriente, como tú y como yo, que comparten parte de sus vivencias para que nunca se nos olvide que todos tenemos algo que aportar y que la vida, aunque no siempre es fácil, merece la pena.

Dos años después, aquí sigo, recordándole al mundo que esto merece la pena y que todas y cada una de nuestras historias importan. Y lo más curioso es que, en realidad, nunca he dejado de traducir. Solo que ahora además de textos, traduzco la vida a través de las personas y para ello utilizo un lenguaje común y universal: las historias cotidianas.

Te cuento estas historias no para que hagas lo mismo que sus protagonistas, sino para que veas que en el fondo todos tenemos las mismas inquietudes y necesidades. Este proyecto me ha ayudado a ver la conexión que se crea con las historias, cómo la gente «reactiva» su propia historia, cómo de necesario es escuchar la experiencia de otros y cómo esto, por mucho que nos digan, va de personas. No es algo nuevo; ya dijo Maya Angelou que las historias nos conectan con nuestra humanidad, pero no está mal que de vez en cuando nos lo recuerden.

 

Aquí puedes encontrar más información sobre el proyecto, pero lo que de verdad me gustaría es que te quedaras por aquí y me ayudaras a hacer llegar estas historias a todos aquellos que las necesitan.  ¿Qué me dices, me acompañas?

 

Fotos @Christina Louise Photography

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