Mi vida era perfecta, estaba muy contenta y, pese a tener solo quince años, sabía lo que quería hacer. Me gustaba ayudar a la gente, trabajar en temas sociales, era voluntaria de una asociación de amigos de la gente mayor… Lo tenía todo muy bien organizado y, de repente, apareció la enfermedad y mi vida cambió por completo. Los primeros síntomas empezaron de forma muy sutil. Un día una gota, un día otra y, tras unos meses, al ver que persistía, mi madre decidió llevarme al médico. No fui escandalizada, nadie se altera por una gota de sangre y, de hecho, tampoco me alteré con el diagnóstico. Era muy joven y no entendía qué me decían. Escuché las palabras «colitis …
mujer
-
-
A veces tengo la sensación de que toda mi vida ha sido salir de una y meterme en otra. Trabajas y trabajas, luchas a diario por seguir adelante, pero parece que todo lo malo te pase a ti. He llegado a un punto en que soporto menos las tonterías de los demás. Mira que me gusta escuchar y ayudar, pero según qué cosas me superan. Cuando ves lo bien que les van las cosas a otros y se siguen quejando…No es justo. Incluso he llegado a pensar que ya le podría haber tocado a otro y no a mi madre. No le deseo mal a nadie, sé que no está bien decir eso, pero me da rabia que me haya …
-
«Bueno, tampoco llegaste a conocerla, no es para tanto», «no tardéis mucho en repetir», «sois muy jóvenes, ya tendréis otro». Estas son algunas de las frases que oímos a diario los padres que hemos pasado por la dura experiencia de un aborto. Así, camuflados entre palabras bien intencionadas, cada día recibimos mensajes que nos rompen el corazón, mensajes que se espera que acojamos con una sonrisa, quizá incluso con un agradecimiento. El problema es que todo eso son solo palabras, consejos que no hemos pedido y, sobre todo, afirmaciones que no se acercan para nada a la realidad. Porque aunque solo la tuviera unas semanas dentro de mí o unos segundos encima o mi marido solo la pudiera coger en …
-
La primera vez que participé en un ball de bastons, o baile de bastones, tenía once años. En el pueblo se creó una colla de bastoners adultos, es decir, un grupo, y nos preguntaron a mis amigas y a mí si queríamos probar. Me gustó tanto que me quedé, y durante unos tres años recorrí pueblos de distintas comarcas bailando y participando de nuestra cultura. Pero, entonces, llegó la adolescencia y con ella una depresión que hizo que lo dejara todo de lado y que mi vida se quedase parada durante siete años. Lo bueno del baile y la música, sin embargo, es que no se te olvidan y te dejan un bonito recuerdo. Cuando me recuperé, en seguida supe …
-
Por aquel entonces ni siquiera sabía quién era el «médico de la sangre». Pronto lo descubrí, vaya si lo hice. Hacía unos meses que no me encontraba bien, sentía malestar y estaba siempre cansada. En aquellos momentos combinaba trabajo y estudios y hacía mucho deporte, así que en un principio lo atribuí al esfuerzo que estaba haciendo. Pero cuando ya vi que por mucho que descansara seguía igual, decidí ir al médico. Me hicieron análisis y algo salió mal, debía ir al famoso médico de la sangre, es decir, al hematólogo. La sorpresa fue que no encontró nada. «Todo está bien, existe solo en tu cabeza». Yo, sin embargo, estaba tan agotada que cuando salía con mis amigos terminaba en …
-
Desde pequeña supe que era adoptada. Tengo un aspecto muy distinto al vuestro y eso hace que sea algo evidente. Pero, además, en casa siempre se habló del tema con absoluta normalidad. Recuerdo cómo, en lugar de un cuento, le pedía a mi madre que me explicara mi historia. Cuando era niña ser adoptada quería decir, para mí, que no había salido de la barriga de mi madre, sino que mis padres quisieron tener un tercer hijo y me fueron a buscar a China. Cogieron un avión, me conocieron, estuvimos viajando unos días y, finalmente, me trajeron a casa, donde conocí a mis hermanos y al resto de la familia. Sin embargo, los comentarios «curiosos» de la gente hacen que …
-
Fue un embarazo muy deseado, quería disfrutarlo y así lo hice hasta el día del parto. Estaba muy contenta y me sentía orgullosa de cómo lo había llevado. Tenía mucha suerte, habían sido unos meses buenos. Me había preparado bien y estaba lista para recibir a mi hijo. Jamás me imaginé lo que iba a pasar después. Cuanto más lo pienso, más me cuesta creerlo; es como si todo le hubiera sucedido a otra persona. Por eso creo que, aunque cueste, hay que hablar de ello. Es algo que con el tiempo se relativiza y eso hace que se convierta en un problema invisible. Sé de lo que hablo. Tú quieres decirle a la gente que no estás bien y …
-
Cuando me dio el primer mareo me encontraba en una situación bastante complicada. Tenía una niña de diecisiete meses, acababa de nacer mi segundo hijo, me estaba recuperando de una cesárea, mi marido viajaba mucho por trabajo y a mi madre le acababan de diagnosticar un cáncer terminal. Estaba aquí, tumbada en el sofá, hablando con mi marido y mi hermana sobre cómo nos íbamos a organizar y, de repente, me empezó a dar vueltas la cabeza. «Estás agotada, eso será del cansancio y el estrés que llevas encima», me dijeron. Y no les faltaba razón, el niño no dormía, me dolía todo y sufría por mi madre, así que podría ser agotamiento. No le di más importancia.
-
Su llegada a Argentina fue muy bonita. Por fin estábamos juntos, nos podíamos ver en vivo y en directo, sin pantallas de por medio. No me podía creer que alguien lo hubiera sacrificado todo por mí… No es fácil dejar por otra persona tu trabajo, tus amigos y la vida que ya tienes más que montada, y mucho menos viajar doce mil kilómetros sin saber qué te vas a encontrar al otro lado. Porque yo sí había estado en España, pero él no conocía ni mi país, ni a mi familia, ni a mi círculo de amistades. Sin embargo, ahí estaba ese chico que había conocido ocho años atrás a través de internet, en mi casa, en mi ciudad, conmigo …
