«Ball de bastons», más que una tradición

27. 10. 2019

Chica joven sentada en un banco con las piernas cruzadas.La primera vez que participé en un ball de bastons, o baile de bastones, tenía once años. En el pueblo se creó una colla de bastoners adultos, es decir, un grupo, y nos preguntaron a mis amigas y a mí si queríamos probar. Me gustó tanto que me quedé, y durante unos tres años recorrí pueblos de distintas comarcas bailando y participando de nuestra cultura. Pero, entonces, llegó la adolescencia y con ella una depresión que hizo que lo dejara todo de lado y que mi vida se quedase parada durante siete años. Lo bueno del baile y la música, sin embargo, es que no se te olvidan y te dejan un bonito recuerdo. Cuando me recuperé, en seguida supe que quería retomarlo.

Bueno, en realidad, las ganas de volver me vinieron cuando mi madre me llevó a ver un ensayo de los castellers de Vic. Al ver esas torres humanas recordé la sensación de hacer piña, de ese apoyo mutuo que también se crea con el baile de bastones, y decidí volver a intentarlo. Sospecho que ella sabía que reaccionaría así porque también ha sido bastonera; no estoy segura, pero funcionó. Empecé el verano pasado y siento que fue una gran decisión. Me ha servido para reencontrarme con personas a las que les había perdido el rastro, conocer a gente nueva y hacer amigos. Pero ante todo me ha permitido ver cómo me sentía. Me ha ayudado a conocerme mejor.

Cuando volví, me salió solo, como por inercia. No había olvidado nada.

Los ensayos y los espectáculos que hacemos me ayudan a salir de la rutina del instituto. Nos reímos mucho y lo pasamos muy bien. Eso sí, también tenemos que ponernos serios, si no los bailes no salen. No es que sea muy complicado, pero tienes que memorizar los pasos, contarlos y sentir la música como en cualquier otra danza. La única diferencia es que hay que coordinar el baile con el ritmo de los bastones. Se utilizan melodías populares que se acompañan con la chirimía y el propio sonido del golpeteo de los bastones. Existen algunas coreografías y cada grupo les da su estilo, pero también nos inventamos algunas. Jugamos mucho con las formas. Y este año nos toca a nosotros crear un baile para toda Cataluña; es algo que me hace mucha ilusión.

Además, nos organizamos nosotros mismos. Tenemos una presidenta que marca la disciplina, se ocupa de conseguir financiación y de los contactos con otros grupos de distintos pueblos. Otra persona se encarga de los bastones; son caros y la gente tenía tendencia a perderlos, así que es importante que los guardemos bien. Y los demás nos hemos repartido en grupos para encargarnos de los carteles y de las redes sociales. Utilizamos un grupo de whatsapp para mantenernos en contacto. Es algo nuevo, pero creo que está funcionando bien. Está bien ocuparse de estas cosas; me gusta participar todo lo que puedo.

Eso sí, lo mejor de formar parte de un grupo de bastoneros son las personas. Me encanta conocer a gente de otros lugares. He visitado ya muchos pueblos y los festivales están muy bien. Ahí vemos como actúan otros grupos, nos juntamos para comer, charlamos… se crea un ambiente de hermandad muy bonito. Incluso estuvimos a punto de ir a Holanda, pero no sé que pasó que al final no pudo ser. Siempre he vivido aquí y tengo muchas ganas de ver otras cosas, así que poder conocer a gente nueva es, por ahora, mi manera de ver mundo.

Por eso creo que es tan importante esta danza popular. Para mí es una forma de unir al pueblo y, sobre todo, a las personas. Y, cuidado, que yo hablo de cultura. Muchos piensan que al ser una tradición muy arraigada en Cataluña es solo para independentistas, y eso no es verdad. Cuando formas parte de una colla conectas con la cultura y con la gente del pueblo. No es cuestión de política, solo de tradición, y creo que hay que apreciarlo. En las collas puedes encontrarte con gente de todas partes. Es más, conozco a muchas personas de fuera a las que bailar con nosotros les ha ayudado a integrarse, igual que a mí me ha ayudado a recuperar esas ganas de hacer cosas. Siento que formo parte de algo muy bonito.

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