Amor en línea (segunda parte)

03. 03. 2019

amor, mujer, migrante, ilegalSu llegada a Argentina fue muy bonita. Por fin estábamos juntos, nos podíamos ver en vivo y en directo, sin pantallas de por medio. No me podía creer que alguien lo hubiera sacrificado todo por mí… No es fácil dejar por otra persona tu trabajo, tus amigos y la vida que ya tienes más que montada, y mucho menos viajar doce mil kilómetros sin saber qué te vas a encontrar al otro lado. Porque yo sí había estado en España, pero él no conocía ni mi país, ni a mi familia, ni a mi círculo de amistades. Sin embargo, ahí estaba ese chico que había conocido ocho años atrás a través de internet, en mi casa, en mi ciudad, conmigo y por mí. Sergio vivió en Mar del Plata casi un año.

En un primer momento, su decisión tuvo mucho sentido. En Argentina, la Constitución está hecha para todas aquellas personas que viven en el país, no solo para los nacionales. Sin embargo, unos meses más tarde cambiamos de opinión. En mi cabeza veía que podía ser muy complicado y quería encontrar la fórmula para que a largo plazo ninguno de los dos se arrepintiera. Así que decidimos mudarnos a España. Necesitaríamos dos trabajos cada uno para poder hacerlo, pero era la mejor opción. Trabajamos sin descanso hasta que, aproximadamente un año después, nos subimos a un avión con destino a Sevilla. Allí vivía una amiga mía, así que pensamos que sería bueno para mí tener a alguien cerca.

amor, mujer, migrante, crisisDesgraciadamente, esa decisión fue un gran error. Llegamos en plena crisis y no había trabajo, y menos para mí, que era extranjera. Hasta entonces habían existido ciertas situaciones que te permitían entrar en el sistema, como inscribirte en la universidad, conseguir un contrato laboral,… Pero, con la crisis, todas esas opciones desaparecieron. Así que tenía a mi amiga cerca, pero casi no llegábamos a fin de mes. Además, yo no sé hacer las cosas mal y sentía que iba por la calle con un cartel que decía «soy ilegal, depórtenme». Me daba miedo salir sola y Sergio se pasaba la semana fuera. El único trabajo que pudo encontrar fue vendiendo libros puerta a puerta y trabajaba fuera de Sevilla. Se iba los lunes y no regresaba hasta el viernes por la noche, eso por un sueldo mísero.

Recuerdo que solo comprábamos natillas de chocolate una vez al mes. No nos podíamos permitir caprichos. Teníamos algunos ahorros, pero se iban en los gastos básicos, y cada vez quedaban menos. La única opción que nos quedaba era casarnos. Así, quizá, yo también encontraría trabajo. A Sergio no le podían privar del derecho a casarse con quien quisiera y lo nuestro era real; no teníamos por qué tener miedo… No obstante, lo tienes. No dejan de someterte a unas pruebas en las que las decisiones son subjetivas. Una persona que no te conoce de nada debe decidir si lo tuyo es de verdad según su propio contexto. Es extraño tener que demostrar que te quieres. Entiendo que lo hagan, pero es raro. No resulta agradable.

Yo soñaba todas las noches que me iban a preguntar la fecha de nacimiento de Sergio y que me iba a equivocar. 

Hicimos los trámites, pasamos las pruebas y nos casamos. Así es que, pese a no tener ni un duro, hubo boda y fue muy bonita. Asistieron tres de mis mejores amigas, algunos amigos que habíamos hecho en Sevilla, mis suegros y, por sorpresa, mis cuñados. Una amiga me regaló las flores, otra la noche de bodas y otra el pastel. Mis suegros pagaron la comida y el vestido me lo compré en línea. Mandé las medidas y me lo enviaron a casa. La salita donde nos casamos era muy pequeña, tanto que, aunque no éramos más de diez personas, parecía que estuviera atestada. Los invitados hicieron las fotos e incluso se encargaron del baile. ¡Nos tararearon el vals! Cada uno aportó su granito de arena para que aquello pareciera una boda y la verdad es que lo lograron. Fue un día muy, muy especial.

Por fin, ya con mi documentación en la mano, conseguí trabajo. Sin embargo, era temporal, y Sergio perdió el suyo. Tratamos de aguantar, pero la situación acabó siendo insostenible. No nos quedaban ahorros y mi peor miedo se hizo realidad. No nos quedaba otra opción que mudarnos a casa de mis suegros, que vivían en un pueblo de Galicia. Eso lo sentí como un fracaso absoluto. No estaba preparada para ello. Siempre había sido una persona que me había esforzado y había conseguido lo que quería. No sabía cómo afrontar una situación así. Ahí sí que lo pasé muy mal… Lo curioso es que, en el fondo, Galicia nos vino muy bien. Mis suegros no nos pudieron tratar mejor y en un mes encontramos trabajo como teleoperadores. No era ideal, pero nos permitió volver a empezar de nuevo.

Sabía que iba a ser duro, pero fue mucho peor de lo que pensaba.

Los baches no terminaron ahí. Yo no pasé el mes de prueba y me quedé sin trabajo el día que nos daban las llaves del piso de alquiler. Pero debo reconocer que el nuevo trabajo que acabé encontrando me dio el tiempo necesario para llegar adonde estoy ahora. De hecho, todos esos años malos también nos dejaron cosas muy buenas. Mientras estuve en Sevilla tuve tanto tiempo para mí que, sin darme cuenta, abrí paso a lo que vino después. Allí, después de muchos años sin hacerlo, volví a dibujar y actualmente soy, entre otras cosas, ilustradora. Sé que no todos lo vivimos igual; mi suegra, por ejemplo, tenía miedo de que la situación económica nos destrozara como pareja. Pero a nosotros nos unió todavía más y, aunque parezca mentira, éramos muy felices. Creo que, al final, lo que nos tocó vivir fue algo bueno.mujer, migrante, amor

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4 Comentarios

Tina 04. 03. 2019 - 14:31

Preciosa historia. Antes era más común lanzarse a la aventura sin paracaídas, solo hay que escuchar las historias de nuestros padres y abuelos, pero ahora parece que tenemos mucho más miedo a arriesgarnos. Es bueno saber que puede salir bien.

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Historias que importan 05. 03. 2019 - 09:59

Claro que puede salir bien. A veces somos demasiado temerosos y la vida también va de arriesgarse un poco.

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Ariadna 04. 04. 2019 - 22:31

Wow, me ha encantado! Ayuda mucho a ver las cosas desde otra perspectiva, aunque te parezca que todo va mal, que no va a salir bien, todo tiene un porqué y un sentido, aunque cueste verlo en ese momento 😉
Muchas gracias, es genial que puedas compartir historias tan bonitas y poder descubrir estos tesoros.

Un saludo!

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Historias que importan 04. 04. 2019 - 22:49

Gracias, Ariadna. Es lo que más disfruto, descubrir tesoros. ¡Saludos!

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