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emigración

  • Lo tuve claro desde muy pequeño, quería ser alguien importante y, para lograrlo, tenía que salir de allí. Mi padre se fue de casa cuando yo era muy pequeño y en Senegal no tenía a nadie que me apoyara o me pudiera ofrecer una oportunidad. Así que, cuando cumplí los dieciocho años, le dije a mi familia que me iba a Europa. Intentaron hacerme cambiar de opinión, era muy joven y el hecho de que viajara solo les preocupaba. Pero yo sabía que no estaría solo, encontraría a más gente en el camino. Éramos muchos los que queríamos una vida mejor. Además, tampoco iba a ser un viaje tan largo, en unos tres meses habría llegado a mi destino. Vendí …

  • Desde pequeña quise ser médica. Con lo que disfrutaba de verdad era curando a mis muñecas. Es algo que siempre he llevado dentro y que hizo que ya en la escuela fuera un ratón de biblioteca. En cuanto tenía un momento libre me ponía a estudiar. Sabía que para poder hacer Medicina necesitaba sacar la mejor nota posible, y desde muy pronto me centré en lograrlo. No me fue bien. Hice la selectividad y no salió la nota que yo quería. Saqué un 8,3 y la nota media del año anterior estaba en 9,2. Ahí empezó mi desesperación. ¿Qué haría si no era suficiente? Quizá podía irme al extranjero. Aunque no era mi primera opción, no lo podía descartar. Pero, …

  • Su llegada a Argentina fue muy bonita. Por fin estábamos juntos, nos podíamos ver en vivo y en directo, sin pantallas de por medio. No me podía creer que alguien lo hubiera sacrificado todo por mí… No es fácil dejar por otra persona tu trabajo, tus amigos y la vida que ya tienes más que montada, y mucho menos viajar doce mil kilómetros sin saber qué te vas a encontrar al otro lado. Porque yo sí había estado en España, pero él no conocía ni mi país, ni a mi familia, ni a mi círculo de amistades. Sin embargo, ahí estaba ese chico que había conocido ocho años atrás a través de internet, en mi casa, en mi ciudad, conmigo …

  • Estaba tan oscuro y llovía tanto… Pese a la alegría de haberlo logrado, sentí una soledad muy grande. «¿Ahora, qué?», pensé. Teníamos puesta nuestra esperanza en el hermano de nuestra compañera de viaje, por lo menos esa noche. Su primera reacción fue de sorpresa. Éramos muchos y no cabíamos todos en el coche. En caso de que aceptara, deberíamos coger un taxi. Pero yo no podía. Ya me habían quitado cien dólares en Miami y no debía gastar más dinero. Por suerte, el señor tenía corazón de colombiano auténtico. No solo nos dejó quedarnos una noche en su casa, sino que volvió a por nosotros. Dios le bendiga, gracias a él no tuvimos que pasar ni una noche en la …

  • Mi historia empieza en el momento en que decidí venir a Europa, en septiembre de 1998. Lo recuerdo muy bien porque era una época de mi vida en la que me encontraba saturada. No sé si llamarlo depresión, pues entonces no se conocía. Sentía que el lugar donde vivía se me quedaba pequeño y que necesitaba salir de allí, pero no tenía dinero. Ganaba lo justo para ayudar a mi esposo. Aun así, soñaba con irme a España. No me conformaba con Estados Unidos, que era adonde la mayoría de la gente emigraba; yo quería irme más lejos.

  • Emigré del Perú porque quise. Había tenido una adolescencia muy complicada y siempre había querido salir de allí. Así que aproveché que en aquel momento ofrecían unas becas para ir a la Unión Soviética y me fui. Estuve un año en Uzbekistán aprendiendo ruso y tres en Volgogrado, donde inicié los estudios de medicina. Todo iba bien hasta que empecé a suspender bioquímica y me acabaron echando de la carrera. Me obligaban a irme de allí, pero no deseaba regresar al Perú. Entonces fue cuando vi que la gente se iba a Suecia y a otros países y pensé que, si ellos podían, yo también. Pasé por Checoslovaquia, Austria y, finalmente, compré un pasaje para Ginebra. Ahí fue cuando empezó …