Las artes escénicas son mi vida. Empecé con el ballet cuando tan solo tenía cinco años y no he parado hasta ahora. Me he formado en danza, canto e interpretación. Un camino que no habría podido seguir sin mis padres. Me respaldaron incluso cuando en el colegio, pese a dedicarle muchas horas, los resultados no siempre eran los esperados. Me resultaba complicado, pero sabían que me esforzaba y con eso ya les valía. A diferencia de los profesores, ellos creyeron en mí. Entendieron que mi futuro estaba en el mundo del arte, pero también estuvieron a mi lado en los estudios. Siempre me ayudaron a superarme. Nunca dejaré de agradecérselo.
sueños
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Mi sueño era ser mecánico y vivir fuera de España: sin embargo acabé siendo carpintero y enamorándome de una española. Ya ves, las cosas no siempre salen como nos las imaginamos y aun así se puede tener una buena vida. Con el oficio me tocó seguir la «dictadura de los padres» y con el amor, pues poco pude hacer, la verdad. Eso sí, fui un poco hippie y hasta que no me casé, no senté la cabeza.
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En 1951, con trece años, fabriqué un teléfono y una radio de galena con cajas de puros junto con un amigo, con veintiuno me diplomé como radiotécnico y a los veintinueve, en 1967, abrí mi propio negocio y empecé a montar los primeros televisores en blanco y negro. El diploma me lo saqué con un curso por correo postal y estudiando por las noches, cuando terminaba mi jornada laboral de doce o catorce horas. Ahora dirían que fui un emprendedor, pero yo creo que lo único que hice fue trabajar duro para conseguir lo que quería.
