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  • Estaba tan oscuro y llovía tanto… Pese a la alegría de haberlo logrado, sentí una soledad muy grande. «¿Ahora, qué?», pensé. Teníamos puesta nuestra esperanza en el hermano de nuestra compañera de viaje, por lo menos esa noche. Su primera reacción fue de sorpresa. Éramos muchos y no cabíamos todos en el coche. En caso de que aceptara, deberíamos coger un taxi. Pero yo no podía. Ya me habían quitado cien dólares en Miami y no debía gastar más dinero. Por suerte, el señor tenía corazón de colombiano auténtico. No solo nos dejó quedarnos una noche en su casa, sino que volvió a por nosotros. Dios le bendiga, gracias a él no tuvimos que pasar ni una noche en la …

  • Mi historia empieza en el momento en que decidí venir a Europa, en septiembre de 1998. Lo recuerdo muy bien porque era una época de mi vida en la que me encontraba saturada. No sé si llamarlo depresión, pues entonces no se conocía. Sentía que el lugar donde vivía se me quedaba pequeño y que necesitaba salir de allí, pero no tenía dinero. Ganaba lo justo para ayudar a mi esposo. Aun así, soñaba con irme a España. No me conformaba con Estados Unidos, que era adonde la mayoría de la gente emigraba; yo quería irme más lejos.

  • Emigré del Perú porque quise. Había tenido una adolescencia muy complicada y siempre había querido salir de allí. Así que aproveché que en aquel momento ofrecían unas becas para ir a la Unión Soviética y me fui. Estuve un año en Uzbekistán aprendiendo ruso y tres en Volgogrado, donde inicié los estudios de medicina. Todo iba bien hasta que empecé a suspender bioquímica y me acabaron echando de la carrera. Me obligaban a irme de allí, pero no deseaba regresar al Perú. Entonces fue cuando vi que la gente se iba a Suecia y a otros países y pensé que, si ellos podían, yo también. Pasé por Checoslovaquia, Austria y, finalmente, compré un pasaje para Ginebra. Ahí fue cuando empezó …

  • Mis padres son suizos. Mi madre nació en Suiza y mi padre se hizo el pasaporte allá por 1974, cuando yo tenía cuatro años. Hasta entonces, él había sido español y yo también, pero decidió renunciar a su nacionalidad. Nunca me ha dicho qué motivó su decisión. Quizá, al empezar una nueva vida, quiso cortar y empezar de cero. No lo sé. Sin embargo, esa semilla española ya estaba dentro de mí y nunca se fue. Al contrario, fue creciendo cada vez más hasta que, cuando ya fui mayor de edad, conseguí recuperar mi pasaporte. Desde entonces, soy española y suiza, en ese orden.

  • Me fui a estudiar fuera de España obligada por el sistema. Hacía años que sabía que quería ser comadrona, pero aquí es muy complicado especializarse. Primero debes aprobar una oposición y después hacer la residencia. Aunque el proceso está bien pensado, salen tan pocas plazas que es casi imposible lograrlo. La última vez que hice el examen conocí a una chica que se presentaba por undécima vez. Ese fue el momento en que decidí que me iría a estudiar a otro país. Jamás hubiera pensado lo difícil que podía ser vivir en el extranjero, ni qué decir de lo complicada que resultaría la vuelta.