Amor en línea (Primera parte)

24. 02. 2019

amor, internetA nuestros amigos les gusta que les contemos cómo nos conocimos, y es que nuestra historia es un tanto especial. Yo soy argentina y él es de Galicia, y en nuestro primer encuentro nos separaban doce mil kilómetros. ¿Cómo es eso posible? Pues gracias a la escritura y, en especial, a internet. Hoy en día, conocerse en línea es algo normal, pero hace dieciséis años era muy extraño hacer amistad en las redes. De hecho, durante mucho tiempo no se lo conté a nadie porque no sabía cómo iban a reaccionar. Se podría decir que nuestra historia, en un principio, no parecía tener mucho futuro. Y, en realidad, durante varios años no lo tuvo.

Conocí a Sergio con veinticuatro años. En ese momento, yo estaba haciendo una terapia y empecé a escribir. La idea de mi terapeuta era que llevara un diario personal. Nunca llegué a escribir sobre mí, pero empecé a inventar historias y relatos cortos que hicieron que me aficionara a la literatura. Así que me apunté a un portal de internet llamado «Ficticia». Era un lugar de encuentro internacional donde se reunían amantes de las letras para publicar sus escritos, y yo también publiqué el mío, mi primer texto. ¿Y de quién fue el primer comentario? Aunque utilizaba un sobrenombre, detrás de esas primeras palabras estaba mi gallego.

enamorados, internet, Así pues, todo empezó con un simple comentario. Primero nos seguimos por el portal y, enseguida, nuestra relación se convirtió en una amistad fuera de él. Chateábamos por messenger, nos enviábamos correos electrónicos, presentaciones de power point, e incluso alguna carta por correo ordinario; él, en España, y yo, en Mar del Plata. Era muy bonito… Así pasaron cuatro años, hasta que conocí a mi exmarido. Poco a poco dejé de escribir, dejé de conectarme y dejé de hablar con Sergio. En un momento dado, un año más tarde, recibí un correo suyo en el que anunciaba un cambio de dirección de correo electrónico. Lo leí, me acordé de él y seguí con mi vida. Me casé, me separé y me divorcié.

Pasaron otros cuatro años y, en todo ese tiempo, no había vuelto a tener noticias de Sergio. Entonces, a raíz de la separación, decidí visitar a mis amigas en Inglaterra y España. Necesitaba quitarme los fantasmas de encima, así que qué mejor que viajar. Me volví a acordar de él. Pensé que, como iba a pasar por su país, podía mandarle un correo electrónico. «Hola, Sergio. No sé si te acordarás de mí, soy…». Jamás lo recibió, ya que yo había olvidado por completo ese correo intermedio y le escribí a la dirección antigua. Pasé por Londres, por Sevilla y regresé a mi país. Pero una de mis amigas me había hablado de una red nueva que se llamaba Facebook. «Está muy bien para seguir en contacto con tus amigos y puedes reencontrar a gente», me dijo.

Después del divorcio volví al punto cero.

Ese «reencontrar a gente» se me quedó grabado. Quizá podía buscar a Sergio… Lo hice y lo encontré. No me lo podía creer. Sin pensármelo, le mandé un mensaje por el chat privado. No sabía si me iba a responder, pero tenía que intentarlo. Apreté el botón de enviar y me respondió al momento. ¡Estaba conectado y se acordaba de mí! Empezamos a hablar todos los días, primero unos segundos, después unos minutos y, finalmente, horas y más horas. Era muy raro, ambos sentíamos que eso era más que una simple amistad, pero no nos atrevíamos a decir nada. De hecho, el paso lo dimos justo cuando se acercaba San Valentín. Ninguno de los dos tenía una cita y decidimos poner en Facebook que éramos novios. Por eso que dicen de que cuando tienes pareja es más fácil ligar…

Y así, como si fuera un juego, una tontería, iniciamos algo que en el fondo llevábamos tiempo deseando. A partir de ahí fuimos más sinceros entre nosotros y con nosotros mismos, hasta que un día me dio un arrebato y decidí que me iba a conocerlo. ¿Qué tenía que perder? Tenía treinta años y ya no estaba para juegos. Reservé el billete y, antes de pagarlo, le llamé por skype para comentárselo, quería ver su reacción en directo, a través de la pantalla. Fue maravilloso. Se le iluminó la cara de una forma muy especial… Sin decir ni una palabra, me lo dijo todo. Su expresión era tan clara, «sí, sí, sí quiero que vengas». Estaba decidido, las próximas vacaciones las pasaría en su compañía. Sabía que ese amor en línea era más real que nunca.

Qué te voy a contar… Vine enamorada y regresé pillada hasta las trancas. La persona que me encontré era mucho mejor de lo que había imaginado. Ese primer mes y medio juntos fue increíble. Pudimos ver que realmente queríamos estar juntos. Sin embargo, no sabíamos cómo lo íbamos a hacer. Cada uno tenía su vida montada y no queríamos que ninguno de los dos tuviera que renunciar a nada. Era una decisión muy complicada, pero entonces él me dijo: «En un mes estoy ahí. Lo dejo todo y ya veremos». Y así fue, el dos de octubre de 2009  él estaba en Buenos Aires. Todavía nos quedaban muchas historias por vivir, pero por fin estábamos juntos, sin agua de por medio.

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1 comment

Cristina reina 24. 02. 2019 - 16:34

Muchisimas gracias Dolors!! Explicando su hisyoria has hecho que pueda creer en el amor a través de la red!!
Ahota solo falta el saber cómo les ha ido desde entonces!! 🤗

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