La primera vez que acudí a una terapeuta tenía diecisiete años. En aquellos momentos estaba inmersa en una relación bastante complicada y empezó a aparecer la ansiedad. Aunque, en realidad, nadie supo decirme qué era. Creían que sufría depresión. Pese a ello, la terapia funcionó bastante bien. Estuve dos años y, cuando ya creíamos que estaba recuperada, seguí con mi vida. Acababa de empezar la carrera y estudiaba lo que me gustaba. Salvo por algunos pequeños momentos en que ese estado de nerviosismo parecía que quería hacer acto de presencia, las cosas me iban muy bien. Ya sabes, cuando eres estudiante te sientes libre y crees que puedes comerte el mundo. Sin embargo, cuando por fin cumplí uno de mis …
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