Fue un embarazo muy deseado, quería disfrutarlo y así lo hice hasta el día del parto. Estaba muy contenta y me sentía orgullosa de cómo lo había llevado. Tenía mucha suerte, habían sido unos meses buenos. Me había preparado bien y estaba lista para recibir a mi hijo. Jamás me imaginé lo que iba a pasar después. Cuanto más lo pienso, más me cuesta creerlo; es como si todo le hubiera sucedido a otra persona. Por eso creo que, aunque cueste, hay que hablar de ello. Es algo que con el tiempo se relativiza y eso hace que se convierta en un problema invisible. Sé de lo que hablo. Tú quieres decirle a la gente que no estás bien y …
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Cuando me dio el primer mareo me encontraba en una situación bastante complicada. Tenía una niña de diecisiete meses, acababa de nacer mi segundo hijo, me estaba recuperando de una cesárea, mi marido viajaba mucho por trabajo y a mi madre le acababan de diagnosticar un cáncer terminal. Estaba aquí, tumbada en el sofá, hablando con mi marido y mi hermana sobre cómo nos íbamos a organizar y, de repente, me empezó a dar vueltas la cabeza. «Estás agotada, eso será del cansancio y el estrés que llevas encima», me dijeron. Y no les faltaba razón, el niño no dormía, me dolía todo y sufría por mi madre, así que podría ser agotamiento. No le di más importancia.
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Su llegada a Argentina fue muy bonita. Por fin estábamos juntos, nos podíamos ver en vivo y en directo, sin pantallas de por medio. No me podía creer que alguien lo hubiera sacrificado todo por mí… No es fácil dejar por otra persona tu trabajo, tus amigos y la vida que ya tienes más que montada, y mucho menos viajar doce mil kilómetros sin saber qué te vas a encontrar al otro lado. Porque yo sí había estado en España, pero él no conocía ni mi país, ni a mi familia, ni a mi círculo de amistades. Sin embargo, ahí estaba ese chico que había conocido ocho años atrás a través de internet, en mi casa, en mi ciudad, conmigo …
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La primera vez que acudí a una terapeuta tenía diecisiete años. En aquellos momentos estaba inmersa en una relación bastante complicada y empezó a aparecer la ansiedad. Aunque, en realidad, nadie supo decirme qué era. Creían que sufría depresión. Pese a ello, la terapia funcionó bastante bien. Estuve dos años y, cuando ya creíamos que estaba recuperada, seguí con mi vida. Acababa de empezar la carrera y estudiaba lo que me gustaba. Salvo por algunos pequeños momentos en que ese estado de nerviosismo parecía que quería hacer acto de presencia, las cosas me iban muy bien. Ya sabes, cuando eres estudiante te sientes libre y crees que puedes comerte el mundo. Sin embargo, cuando por fin cumplí uno de mis …
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Cuando yo era pequeña no se hablaba de feminismo y, de hecho, en mi entorno veía todo lo contrario. Si fuera consecuente con la educación que recibí, debería haber sido de todo menos feminista. Sin embargo, por alguna razón que desconozco, no salí así. Encontraba que las cosas no estaban bien, que no deberían funcionar como lo estaban haciendo. Tenía una visión muy crítica de todo. Siempre creí que nadie podía ser superior a mí simplemente por ser hombre. Me parecía absurdo.
