A veces tengo la sensación de que toda mi vida ha sido salir de una y meterme en otra. Trabajas y trabajas, luchas a diario por seguir adelante, pero parece que todo lo malo te pase a ti. He llegado a un punto en que soporto menos las tonterías de los demás. Mira que me gusta escuchar y ayudar, pero según qué cosas me superan. Cuando ves lo bien que les van las cosas a otros y se siguen quejando…No es justo. Incluso he llegado a pensar que ya le podría haber tocado a otro y no a mi madre. No le deseo mal a nadie, sé que no está bien decir eso, pero me da rabia que me haya …
TDAH
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Siempre fue una niña muy nerviosa. Su mente iba tan rápida que incluso tartamudeaba. Aun así, los primeros años escolares no tuvo problemas. Las dificultades vinieron más tarde, en cuarto o quinto de primaria, cuando ya le tocaba concentrarse y estudiar un poco. En ese momento, empezamos a darnos cuenta de que algo no iba bien. Veíamos que en casa no hacía prácticamente nada y en la escuela las cosas no eran mucho mejores. Los profesores nos decían que había días que parecía que no hubiera ido a clase, y eso no era normal. Ahí fue cuando empezamos todo el proceso que concluiría con el diagnóstico de déficit de atención e hiperactividad (TDAH).
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No recuerdo muy bien a qué edad tenía cuando empezaron a hacerme pruebas. Por lo que me han contado mis padres, en primaria ya me vio la psicóloga del colegio y empecé una terapia con la logopeda y esta, posteriormente, me derivó al psiquiatra. Sin embargo, yo no tuve memoria de todo esto hasta más adelante, ya con once o doce años. Y es que, en realidad, para mí no era un problema. De hecho, hoy en día, con dieciocho años, sigo pensando que no es algo fuera de lo habitual. El déficit de atención e hiperactividad, es decir, el TDAH, forma parte de mí y yo no veo que pueda hacer menos cosas que los demás. No me limita.
