Deseábamos con todo nuestro corazón ser padres, era algo que siempre habíamos soñado. Sin embargo, las cosas no estaban saliendo como habíamos previsto. Hacía muchos años que estábamos juntos y, pese a que lo intentamos todo, no había manera. Lo probamos muchas veces y de todas las formas posibles, pero mis embarazos nunca llegaban a buen término y nadie sabía qué ocurría. Así que cuando empezamos a acercarnos a los treinta decidimos que íbamos a adoptar. Sabíamos que era un proceso muy largo y no podíamos esperar más; de lo contrario, hubiéramos sido demasiado mayores.
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