Mi padre, aunque venía de una familia humilde y no le pudieron pagar unos estudios, sabía hacer muchas cosas y aprendió el oficio de barbero. Quería abrir una barbería. Así que, cuando se casó, mis abuelos le ofrecieron un local. Pero, al hablarlo con mi madre, pensaron que si aceptaban nunca sería de su propiedad, por lo que decidieron ahorrar para comprarse algo que fuera suyo. Hizo entonces lo que hacía la mayoría de hombres gallegos, buscar un barco donde trabajar como marinero. Embarcó a principios de noviembre de 1965, cuando yo tenía apenas unas semanas, y el seis de febrero de 1966, cuatro meses después, el barco chocó contra otro y se partió en dos. Tardó veinte minutos en …
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