Monthly Archives

mayo 2019

  • Desde pequeña supe que era adoptada. Tengo un aspecto muy distinto al vuestro y eso hace que sea algo evidente. Pero, además, en casa siempre se habló del tema con absoluta normalidad. Recuerdo cómo, en lugar de un cuento, le pedía a mi madre que me explicara mi historia. Cuando era niña ser adoptada quería decir, para mí, que no había salido de la barriga de mi madre, sino que mis padres quisieron tener un tercer hijo y me fueron a buscar a China. Cogieron un avión, me conocieron, estuvimos viajando unos días y, finalmente, me trajeron a casa, donde conocí a mis hermanos y al resto de la familia. Sin embargo, los comentarios «curiosos» de la gente hacen que…

  • Fue a principios de los años noventa, creo que tenía quince o dieciséis años. Por aquel entonces vivía en Ibiza y pasaba los veranos en Galicia, en el pueblo. El primer año, con mi prima, conocimos a una pandilla y pasó lo normal a esas edades. Todo el mundo comentaba, a ver quién te gusta, quién no… Ese año no me junté con nadie, pero al siguiente empecé a salir con un chico del grupo. Éramos «novios» o lo que se pueda considerar que eres a esas edades. Por lo menos en nuestra época, salías con los amigos y, como mucho, te dabas cuatro besos. Y eso hicimos hasta que llegaron las fiestas. El primer día todo fue normal, pero…

  • Cuando nos conocimos ya le dije a mi marido que me hacía mucha ilusión tener hijos, pero que si por cualquier motivo no podíamos, yo estaba dispuesta a adoptar. Averiguaríamos dónde estaba el problema, pero no permitiría que me acribillaran con agujas. Respeto que otros lo hagan, hay gente que necesita que sean sus hijos. Para mí no era una necesidad, me daba igual que fueran de mi sangre o no. Él, que es muy práctico, me contestó que llegado el momento ya lo miraríamos. Entretanto, no hacía falta darle muchas vueltas. Y no las tuvimos que dar. En cuanto empezamos a probar, casi sin pensarlo, me quedé embarazada; primero del niño y, unos años después, de la niña. Ya…

  • Me encontraba en la mejor época de la vida. Tenía veintiún o veintidós años, trabajaba, practicaba deporte, estudiaba, salía con los amigos… Llevaba una vida normal y corriente cuando, de repente, me hacen unas pruebas y ven que tengo la tensión muy alta. Lo normal, a esa edad, es estar sobre doce y seis; yo llegaba a veintidós de máxima y catorce de mínima. No era una simple hipertensión, en cualquier momento podía sufrir un infarto. Así que me medicaron y empezaron a hacerme pruebas para saber qué estaba ocurriendo en mi cuerpo. A partir de ahí, todo cambió. Sufría una disfunción renal que me acabaría llevando por un largo camino de pruebas, controles, tratamientos y, finalmente, a un trasplante…