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marzo 2019

  • Fue un embarazo muy deseado, quería disfrutarlo y así lo hice hasta el día del parto. Estaba muy contenta y me sentía orgullosa de cómo lo había llevado. Tenía mucha suerte, habían sido unos meses buenos. Me había preparado bien y estaba lista para recibir a mi hijo. Jamás me imaginé lo que iba a pasar después. Cuanto más lo pienso, más me cuesta creerlo; es como si todo le hubiera sucedido a otra persona. Por eso creo que, aunque cueste, hay que hablar de ello. Es algo que con el tiempo se relativiza y eso hace que se convierta en un problema invisible. Sé de lo que hablo. Tú quieres decirle a la gente que no estás bien y…

  • No recuerdo muy bien cuándo empecé. En realidad, lo llevo haciendo toda la vida. Quizá fue hace unos ocho años, en mi pueblo, en Castilla-La Mancha. Vi a unos chicos saltando unas vallas y les pregunté si podía probar. Me enseñaron el salto que estaban haciendo y, sorprendentemente, me salió bien a la primera. Me gustó tanto que en cuanto llegué a casa empecé a buscar vídeos en youtube. Con eso y con lo que iba viendo en las calles de Vigo, poco a poco fui aprendiendo. Y es que esto es algo que tiene el parkour, conocido también como el arte del desplazamiento: una vez que te engancha, ya no puedes parar.

  • Hasta los catorce años tuve una infancia normal. Era una niña abierta y feliz a la que le gustaba hacer las cosas que hacen todos los críos: salir con mis amigas, jugar, cantar, bailar… Pero, entonces, apareció la sordera. Sufría una hipoacusia mixta bilateral con afección a la cóclea. Mi padre ya estaba completamente sordo y mi hermana también había empezado a presentar síntomas. Sabíamos que era algo hereditario y que nos podía tocar a cualquiera de los siete hermanos, pero eso no lo hacía más fácil. Cuando comienza el proceso sabes que acabarás totalmente sorda. Esperas que no te toque… Yo no tuve esa suerte. Poco a poco fui perdiendo audición y, con ello, parte de una conexión con…

  • Cuando me dio el primer mareo me encontraba en una situación bastante complicada. Tenía una niña de diecisiete meses, acababa de nacer mi segundo hijo, me estaba recuperando de una cesárea, mi marido viajaba mucho por trabajo y a mi madre le acababan de diagnosticar un cáncer terminal. Estaba aquí, tumbada en el sofá, hablando con mi marido y mi hermana sobre cómo nos íbamos a organizar y, de repente, me empezó a dar vueltas la cabeza. «Estás agotada, eso será del cansancio y el estrés que llevas encima», me dijeron. Y no les faltaba razón, el niño no dormía, me dolía todo y sufría por mi madre, así que podría ser agotamiento. No le di más importancia.

  • Su llegada a Argentina fue muy bonita. Por fin estábamos juntos, nos podíamos ver en vivo y en directo, sin pantallas de por medio. No me podía creer que alguien lo hubiera sacrificado todo por mí… No es fácil dejar por otra persona tu trabajo, tus amigos y la vida que ya tienes más que montada, y mucho menos viajar doce mil kilómetros sin saber qué te vas a encontrar al otro lado. Porque yo sí había estado en España, pero él no conocía ni mi país, ni a mi familia, ni a mi círculo de amistades. Sin embargo, ahí estaba ese chico que había conocido ocho años atrás a través de internet, en mi casa, en mi ciudad, conmigo…