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febrero 2019

  • A nuestros amigos les gusta que les contemos cómo nos conocimos, y es que nuestra historia es un tanto especial. Yo soy argentina y él es de Galicia, y en nuestro primer encuentro nos separaban doce mil kilómetros. ¿Cómo es eso posible? Pues gracias a la escritura y, en especial, a internet. Hoy en día, conocerse en línea es algo normal, pero hace dieciséis años era muy extraño hacer amistad en las redes. De hecho, durante mucho tiempo no se lo conté a nadie porque no sabía cómo iban a reaccionar. Se podría decir que nuestra historia, en un principio, no parecía tener mucho futuro. Y, en realidad, durante varios años no lo tuvo.

  • Hace cinco años mi vida era muy normal, como la de cualquier otra persona. Era una estilista dedicada al mundo de la moda a quien las cosas no le podían ir mejor. Había comenzado a los veintiún años y, tras veinte años, tenía un negocio más que establecido. Mi tienda de ropa y complementos funcionaba muy bien y cada vez me solicitaban más servicios de estilismo; tanto, que decidí cerrar la tienda y dedicarme solo a la asesoría de imagen, que era lo que más me gustaba. Me encontraba en un momento perfecto. Entonces, en medio de ese cambio, empezaron a surgir problemas en mi familia y llegó una etapa muy oscura que nos envolvería por completo durante más de…

  • Desde bien pequeño me interesó el deporte. Mi hermano jugaba al baloncesto y yo quería seguir sus pasos. Así que a los ocho años entré en el equipo del colegio. Al principio no destaqué mucho, pero fui aprendiendo y todo cambió. El deporte se convirtió en algo muy importante para mí, no solo por la competición y el extra de adrenalina que te genera, sino por todo lo que ha acabado suponiendo para mí a nivel personal. Cuando uno es niño, lo más normal es tener grandes sueños, ¿qué niño no ha soñado con jugar en la NBA? Sin embargo, con el tiempo te das cuenta de que el deporte te ayuda a crecer.

  • Soy gorda, siempre he sido gorda y seguramente nunca dejaré de serlo. Nací con casi cinco kilos, crecí como una niña grande, fui una adolescente grande, me casé igual de grande y fui una madre grande. Siempre fui muy consciente de mi físico y eso quizá hizo que no me traumatizara tanto; por lo menos hacia fuera. También hubo críticas, etiquetas, consejos y todo lo que te puedas imaginar, pero siempre traté de que no me afectara. Fui esa niña rellenita y simpática que, aparentemente, no tenía ningún problema. «Tienes suerte, lo llevas muy bien», «Tú te arreglas mucho, estás muy guapa», me decían. Todos aceptaban mi gordura y yo hacía ver que también.