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junio 2018

  • Emigré del Perú porque quise. Había tenido una adolescencia muy complicada y siempre había querido salir de allí. Así que aproveché que en aquel momento ofrecían unas becas para ir a la Unión Soviética y me fui. Estuve un año en Uzbekistán aprendiendo ruso y tres en Volgogrado, donde inicié los estudios de medicina. Todo iba bien hasta que empecé a suspender bioquímica y me acabaron echando de la carrera. Me obligaban a irme de allí, pero no deseaba regresar al Perú. Entonces fue cuando vi que la gente se iba a Suecia y a otros países y pensé que, si ellos podían, yo también. Pasé por Checoslovaquia, Austria y, finalmente, compré un pasaje para Ginebra. Ahí fue cuando empezó…

  • Empecé con la escritura en 1960, a modo de desahogo. Nadie me había enseñado a escribir poesía. Aunque fui unos años a la escuela, lo único que recuerdo de esa época es que las tres profesoras que teníamos se pasaban el día charlando. Así que mis textos son los de una persona que no tiene estudios, llenos de faltas de ortografía. Pese a ello, nunca dejé de lado mis libretas. No podía; durante muchos años ellas y las letras que dejaba plasmadas en sus páginas me ayudaron a seguir adelante y a escapar de la vida que me había tocado vivir. 

  • Siempre fue una niña muy nerviosa. Su mente iba tan rápida que incluso tartamudeaba. Aun así, los primeros años escolares no tuvo problemas. Las dificultades vinieron más tarde, en cuarto o quinto de primaria, cuando ya le tocaba concentrarse y estudiar un poco. En ese momento, empezamos a darnos cuenta de que algo no iba bien. Veíamos que en casa no hacía prácticamente nada y en la escuela las cosas no eran mucho mejores. Los profesores nos decían que había días que parecía que no hubiera ido a clase, y eso no era normal. Ahí fue cuando empezamos todo el proceso que concluiría con el diagnóstico de déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

  • Mis padres son suizos. Mi madre nació en Suiza y mi padre se hizo el pasaporte allá por 1974, cuando yo tenía cuatro años. Hasta entonces, él había sido español y yo también, pero decidió renunciar a su nacionalidad. Nunca me ha dicho qué motivó su decisión. Quizá, al empezar una nueva vida, quiso cortar y empezar de cero. No lo sé. Sin embargo, esa semilla española ya estaba dentro de mí y nunca se fue. Al contrario, fue creciendo cada vez más hasta que, cuando ya fui mayor de edad, conseguí recuperar mi pasaporte. Desde entonces, soy española y suiza, en ese orden.