El TDAH no me limita

20. 05. 2018

TDAH, hiperactividad, niñosNo recuerdo muy bien a qué edad tenía cuando empezaron a hacerme pruebas. Por lo que me han contado mis padres, en primaria ya me vio la psicóloga del colegio y empecé una terapia con la logopeda y esta, posteriormente, me derivó al psiquiatra. Sin embargo, yo no tuve memoria de todo esto hasta más adelante, ya con once o doce años. Y es que, en realidad, para mí no era un problema. De hecho, hoy en día, con dieciocho años, sigo pensando que no es algo fuera de lo habitual. El déficit de atención e hiperactividad, es decir, el TDAH, forma parte de mí y yo no veo que pueda hacer menos cosas que los demás. No me limita.

De pequeña nunca fui muy consciente de que me pasara algo. Sé que no estaba muy atenta porque mis padres me reñían y me decían que debía prestar atención en clase, pero no era algo que me preocupara demasiado. Sí recuerdo que, por ejemplo, en lugar de escuchar a la profesora, me quedaba distraída mirando cómo iba vestida: sus collares, sus vestidos… Pero, ¿qué había de malo en ello? Todo eso me resultaba mucho más interesante que lo que nos enseñaba, la verdad. Claro que nunca me ha gustado estudiar y puede que eso no ayudara demasiado. Aun así, escuchaba a mis padres e intentaba centrarme.

TDAH, hiperactividad, niñosNo servía de nada, era superior a mí. No podía estudiar, no sabía cómo hacerlo. Ni sola ni con la ayuda de mis padres. Por mucho que se pusieran a hacer los deberes conmigo, no lograban que me concentrara. Jugaba con el bolígrafo, miraba a las musarañas… (eso lo sé porque me lo han dicho, porque yo ni me enteraba). Además, no era la única que se distraía. Para mí los otros niños estaban igual de despistados que yo. En el único lugar en que quizá notaba diferencia era en clase de ballet. Ahí mi atención nunca se desviaba e incluso aprendía mucho más rápido que mis compañeras. Ellas, pese a que podían ser muy listas y sacar muy buenas notas, no conseguían memorizar los bailes. Yo, en cambio, lo cogía todo a la primera.

Pero, obviamente, el baile no era suficiente. También tenía que estudiar. Así que, más o menos en primero de educación secundaria, con unos doce años, me derivaron al psiquiatra para que me medicara. Noté el efecto de las pastillas de forma inmediata. Desde el primer día me pude concentrar en clase y hacer los deberes sola y, para sorpresa de todos, también conseguí sacar buenas notas. Sé que hay personas contrarias a esos medicamentos. Sin embargo, a mí nunca me molestó tomarlos, ni me preocupó lo que pensaran los demás. En la escuela éramos varios los que teníamos alguna dificultad y no creo que ninguno de nosotros se considerara raro o especial. Vaya, no sé cómo se sentían ellos; en mi caso, tanto mis amigas como yo lo veíamos como algo normal. A nadie le importaba que yo tuviera TDAH y a mí, aún menos.

Quienes parece que sí estaban preocupados eran mis padres. Supongo que ellos veían la realidad y sabían que debía acabar al menos los estudios básicos. Así que es comprensible que se inquietaran. Aunque debo decir que yo no he sido consciente de ello hasta hoy, cuando hemos hablado del tema. Nunca los vi angustiados. Para mí todo entraba dentro de la normalidad. Fui pasando de curso, hice las terapias, aprendí a estudiar y, con el tiempo, incluso pude dejar las pastillas. Por sorprendente que parezca, a medida que el proceso fue avanzando me di cuenta de que ya no las necesitaba. Cuando me bajaron la dosis noté que me seguía concentrando bien, así que a finales de secundaria pude terminar el tratamiento. En ningún momento sentí que fuera un proceso complicado, y mis padres no me hicieron ver lo contrario.

Cuando uno es pequeño no le da tanta importancia a esas cosas. Son los adultos quienes se muestran más angustiados y se lo transmiten a los niños.

Lo he vivido todo con mucha naturalidad. Ahora veo que soy un poco más movida que mis amigas, pero no me considero más despistada que otras personas. En algunas cosas, como la danza, incluso tengo mayor capacidad de concentración. He ido sacando los estudios, y hace poco he terminado un grado medio de administrativo; durante cinco años he formado parte de una gran compañía como es la Jove Ballet de Catalunya, doy clases de ballet y, si todo va bien, el próximo año empezaré el grado superior de educación infantil, que es algo que siempre me ha gustado. No sé, me parece que no está nada mal. Yo estoy muy bien y del TDAH ni me acuerdo.

TDAH, hiperactividad, niños

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1 comment

Maria B. 23. 05. 2018 - 15:39

Seràs el que et proposis.
Brava ballerina!

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