Nunca he sabido estar quieto

13. 05. 2018

vida, vejez, fotografía, historias que importanNunca he sabido estar quieto. La curiosidad y las ganas de aprender y hacer cosas nuevas siempre han estado presentes en mi vida. He tenido varias empresas, fundé el Museo de las Guilleries y el Grupo Excursionista Força, Forts i Ferms, y siempre he colaborado con entidades locales y comarcales. No obstante, no creo que sea algo fuera de lo normal. Para mí es importante ser útil y si además puedo hacerlo a través de la fotografía, me siento feliz. Cogí una cámara por primera vez a los dieciséis años y nunca más la he soltado. Nací en 1925, es decir, llevo setenta y siete años dedicándome a esto.

La fotografía llegó a mí un poco por casualidad. Yo era cestero como mi padre hasta que un día me encontré con el que por aquel entonces era el fotógrafo del pueblo, Joaquim Garriga. Él debía marcharse por problemas de salud, pero deseaba transmitir sus conocimientos a alguien. Coincidimos en el autobús y me preguntó si quería aprender a hacer fotos. A cambio de enseñarme, me pidió que mis padres le cedieran un piso de veraneo de forma gratuita. Ellos aceptaron y así fue como aprendí lo que sé. Él me lo enseñó todo.

vida, vejez, fotografía, historias que importanEmpecé con una cámara de madera, y desde entonces he tenido treinta o cuarenta cámaras distintas, hasta llegar a la Nikon que uso ahora. Es increíble todo lo que ha evolucionado este mundo… Pero yo no me he quedado atrás. Algunos de mis compañeros abandonaron cuando llegaron las cámaras digitales. Yo, sin embargo, decidí reciclarme. ¿Sabes cuántos años tenía cuando aprendí Photoshop? Creo que unos setenta y seis. Digo «creo» porque ya se me olvidan un poco las fechas y pierdo las cosas pero, vamos, te puedes hacer una idea. Era el más anciano de la clase.

Son tantos años y tantas experiencias que no sé cuáles explicar… Volvamos atrás, porque aparte de fotógrafo me convertí en empresario. Un tiempo después de empezar descubrí el mundo de la impresión, y ahí fue cuando creé mi propia empresa: Fotografía Industrial sobre Tejidos y Especialidades de la Reproducción (F.I.T.E.R). Fuimos muy innovadores, de los primeros en vender postales y reproducir pinturas sobre tejido. Cuando empezamos con este tipo de impresión, éramos los únicos de la comarca que teníamos una máquina offset a color. Llegamos a fotografiar más de dos mil pueblos de España y a reproducir obras de museos como el Prado, el Louvre o la National Gallery de Londres.

Era muy complicado fotografiar cuadros. Los brillos, las líneas torcidas… había que tener en cuenta muchas cosas. Yo mismo inventé unos embudos de lata con unos filtros que eliminaban las líneas horizontales y, sobreexponiendo un poco la foto, lograba resultados muy buenos. Vendimos muchas reproducciones y millones de postales, e incluso editamos algunos libros. Habrás visto que te hablo en plural, y es que todo esto lo logré gracias al gran equipo de colaboradores que tenía. En cuanto vi que yo solo no podía llegar a todos los pueblos, decidí formar a algunos jóvenes, que ahora ya no lo son tanto, y ellos son los autores de buena parte del archivo. La empresa llegó a contar con más de trescientas personas. Fue un trabajo en equipo.vida, vejez, fotografía, historias que importan

¿Y sabes quién fue el pilar de ese equipo? No, no fui yo. Fue Palmira, mi mujer; siempre la llamo por su nombre porque eso de «mi mujer» no me gusta mucho. No era «mía»; las mujeres no son de nadie, ¿verdad? En fin, ella fue la persona que todos esos años tuve a mi lado y que hizo posibles muchas de mis ideas locas. Recorrimos España, Europa y Suiza subiendo montañas, visitando a clientes y vendiendo productos. No conocíamos más idiomas que el catalán y el castellano, pero siempre nos apañamos. Tuvimos un PTV descapotable y una moto Montesa que nos llevaron a muchos de esos rincones.

Una vez nos la pegamos con la moto. Menos mal que yo hice de cojín y Palmira salió ilesa. Cuántas aventuras vivimos… Ella también aprendió a utilizar la máquina y, al final, hasta me daba consejos. Seguro que muchos la recuerdan montada en la moto de paquete haciendo fotos. Y también subía montañas conmigo. En esa época había pocas mujeres que fueran montañeras. Realmente no pude haber tenido mejor compañera de viaje. Juntos hacíamos piña. Se fue en 2010 y dejó un gran vacío.

¿Sabes eso que dicen que detrás de un gran hombre hay una gran mujer? Pues bien, en mi caso, detrás de un hombre pequeño hubo una gran mujer.

Tras su muerte tampoco pude parar. Se lo debía a ella. Proseguí con la edición del último libro que habíamos empezado juntos y, en estos últimos años, he seguido colaborando en la publicación de varios libros de fotografía locales y del boletín de la Gente Mayor del Consejo Comarcal. Siempre me ha gustado ayudar en lo que he podido, es parte de lo que soy. No sabría actuar de otro modo. He de reconocer que la suerte me ha acompañado: Palmira, mis hijos, grandes amigos, la superación de un cáncer hace años… Lo he tenido todo y he podido compaginarlo con mi gran pasión. Porque piensa que soy un loco de la fotografía. Me sale de dentro. No sé si hago buenas fotos o no, pero con la cantidad que he llegado a vender digo yo que algo deben gustar… Eso sí, todavía no he hecho mi mejor foto; a ver si puedo hacerla cuando sea mayor.

Me gustaría que me recordasen como lo que soy, un hombre que siempre ha hecho el bien y no el mal.

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10 Comentarios

Ana 16. 05. 2018 - 13:09

Ojalá la vida me regale la curiosidad y la vitalidad de Salvador. ¡¡Qué gran ejemplo!! Y cómo me ha gustado cómo ha hablado de su mujer y de la necesidad de “hacer equipo” con su pareja y con todos los demás.
No me pierdo una de tus historias Dolors, pero es que hay algunas, como esta, que se merecen un bravo y un olé en público. Así que BRAVO y OLÉ tú por “destapárnoslas”
Un besazo!

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Historias que importan 16. 05. 2018 - 13:24

Ana,querida,¡muchas gracias a ti, por leerlas! A mí también me encantó cómo habló de su mujer y más con la edad que tiene. Eso nos enseña que podemos ir contra corriente, sea cual sea nuestro contexto.

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Maria B. 16. 05. 2018 - 15:38

¡Increíble la vitalidad que emana Salvador!
La mejor foto de su vida no está en papel, pero sí en sus recuerdos y vivencias, pues de la manera de cómo habla de ello debe de estar ahí, incorporada en lo más profundo de su ser.
Gran personaje ¡Muchas gracias Dolors por este hallazgo!

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Historias que importan 18. 05. 2018 - 21:03

A ti, María, por leer su historia.

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Montse 17. 05. 2018 - 14:55

Fantástica historia, he tenido el grandísimo gusto de hablar con Salvado, ya que mi hija hizo el trabajo de síntesis sobre las cámaras fotográficas ( su evolución) y incluía una entrevista con Salvador, alucine de la gran persona que es, cercano,y del cariño que nos hablaba de su Palmira. Te felicito, una entrevista entrañable. Muchas gracias por estos regalos que nos ofreces.

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Historias que importan 17. 05. 2018 - 15:00

Gracias a ti, Montse, por leer mis regalos. 🙂

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Dolors Miralpeix Bosch 17. 05. 2018 - 15:19

Soy la sobrina de Salvador , y realmente admiro la vitalidad que tiene y el esfuerzo que ha hecho para ir evolucionando en las diferentes etapas de la vida.
Admiro el amor hacia todos los miembros de su familia en especial a “La Palmira” .
No cambies nunca , te queremos así. Un besazo “Tiet Salvador” .😚💋

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Historias que importan 17. 05. 2018 - 15:30

Hola, Dolors. Gràcies pel teu comentari. Jo no el coneixia i em va deixar meravellada.

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Elisa 17. 05. 2018 - 21:31

Que maravilla de historia!!! Parece de película, me lo imaginaba en su montesa por más montañas haciendo fotos ❤️

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Historias que importan 17. 05. 2018 - 21:39

Jajaja Buena imagen, sí. Gracias,Elisa.

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