Me sentí juzgada por otras mujeres

11. 03. 2018


Mi historia empieza cuando tuve a mi primer hijo. Todos sabemos que la maternidad te cambia la vida de un modo u otro, pero en mi caso fue un revulsivo extremo. Tanto, que decidí dejar de trabajar para ocuparme de él y, al mismo tiempo, abordar algunos temas personales. Me atrevería a decir que es lo más duro que he hecho en mi vida. Sola en una ciudad en la que no conocía a nadie, sin trabajo, en tratamiento psicológico y con un bebé… Fueron muchas cosas a la vez que, para mi sorpresa, se juntaron con algo que hasta entonces jamás había creído posible: me sentí  juzgada por otras mujeres.

Reconozco que mi decisión fue radical. Se podría decir que fue como si mi hijo me hubiera cambiado el cerebro, modificó por completo mis prioridades y mi perspectiva vital. Su nacimiento hizo que tomara conciencia de algunas cuestiones no resueltas y, como tuve miedo de que pudieran afectarle, decidí buscar ayuda. El tratamiento por sí solo fue complicado; cualquiera que haya pasado por ello sabe lo que se sufre. Pero si a ello le sumas la falta de comprensión que me encontré, ya te puedes imaginar el año que pasé.

Me la jugué, no sabía si volvería a tener la oportunidad de trabajar. De hecho, aunque estoy en el mismo ámbito, ya no trabajo en lo mismo. Pero era mi elección; no entiendo por qué los demás se veían con derecho a opinar.

La decisión, aunque no fue fácil, la tomé de forma muy consciente. Fueron pocos los que lo entendieron. Por aquel entonces todos los niños iban a la guardería y no eran muchas las mujeres que se planteaban quedarse en casa para cuidar de sus hijos. Sin embargo, para mí no había otra opción posible. Donde mejor podía estar mi hijo era a mi lado. Seguí mi instinto y no me equivoqué. No obstante, aunque ahora te cuento mis motivos, a nadie debería haberle importado qué era lo que me había llevado a dejar el trabajo, o eso creía yo…

Al parecer, a juzgar por los comentarios que me hicieron durante mucho tiempo, debería haber dado explicaciones. Aunque tampoco estoy muy segura de que las cosas hubieran sido muy distintas. De los hombres ya me esperaba los típicos «tú no haces nada», «lo tienes fácil, estás todo el día en casa» y otras muchas más cosas que prefiero no recordar. Pero oír esas mismas afirmaciones en boca de otras mujeres y, en especial, madres, fue algo que me entristeció mucho. En ese momento, esa era la mejor opción para mí y nunca pensé que las madres que seguían trabajando fueran mejores o peores que yo. ¿Por qué debía pensar algo así?

«¿Qué harás si tu marido te deja» «¿Para esto has estudiado?» No me podía creer que me hicieran esas preguntas.

Eso me hizo reflexionar mucho. Vivimos en un momento en el que considero que tenemos la suerte de poder escoger. Podemos ser madres jóvenes, mayores, trabajar, no trabajar… Lo sé, hay excepciones, pero por lo menos tenemos más opciones que las que tuvieron nuestras madres y abuelas. Sin embargo, no nos respetamos; el problema lo tenemos entre nosotras. La que trabaja porque le dedica demasiado tiempo al trabajo, la que no trabaja porque no lo hace… ¿Por qué nos cuestionamos tanto?

Cuando tenemos hijos nos toca, junto a nuestras parejas, responsabilizarnos de su vida y procurar lo mejor para ellos. Pero no podemos exigirnos lo imposible. Hay que ser buena trabajadora, buena madre, buena esposa… ¿algo más? Con esto lo único que conseguimos es entrar en un bucle que nos hace explotar. No podemos más y es normal. Y estos patrones no vienen dados únicamente por la sociedad, en muchos casos somos las propias mujeres las que los marcamos. Es importante que dejemos de autopresionarnos, enfrentarnos y desacreditarnos.

La opción de dejar el mundo laboral para cuidar de tus hijos no está bien vista. Sin embargo, es una elección tan válida como cualquier otra y hay que respetarla. Puede que en algunos casos las mujeres se vean expulsadas del mercado de forma injusta, pero también sucede lo contrario. Muchas veces siguen trabajando porque se sienten obligadas. Esto no debería suceder. Si no acabamos con la criminalización entre nosotras, no avanzaremos.

Yo opté por ese camino hace ya algunos años y, pese a los momentos complicados, lo volvería a repetir. Si quieres mejorar y ser feliz, tienes que esforzarte para conseguirlo. Yo encontré mi equilibrio personal de esa forma y me compensó. Pude disfrutar de mis hijos a mi manera y, al fin y al cabo, de eso se trata. Cada familia hace lo que puede. Todo es aceptable mientras los niños estén bien. No obstante, no debemos olvidar que también es importante que la madre esté bien. Intentemos cuidar de ella. Cuidémonos entre nosotras.

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2 Comentarios

Maria B. 12. 03. 2018 - 12:26

El sentirte culpable, deberías borrarlo de la lista de tus sentimientos.
Adelante con tus propias decisiones, porqué valiente y responsable, ya has demostrado que lo eres!

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Dolors 12. 03. 2018 - 22:32

Gracias, María. Me ocuparé de que le llegue tu mensaje. María edito para transmitirte el agradecimiento de la chica, que ya ha visto tu mensaje.

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