Alzheimer, el maldito alemán

04. 03. 2018

Alzheimer, enfermedad, historias que importan

Ya conocía la enfermedad por mi madre. Cuando ella empezó con los primeros síntomas, los médicos no sabían qué le ocurría. Nadie daba una explicación convincente a su trastorno. Mi hermana viajó e investigó hasta que un día encontró información procedente de Alemania. Allí había un doctor que investigaba procesos similares. Aunque no existía tratamiento posible y ella estaría enferma muchos años, por fin tuvimos un diagnóstico. Mi madre, como yo, sufría Alzheimer.

El hecho de conocer la enfermedad me ayudó a detectar los síntomas muy rápidamente. Aparecieron hace seis años o diez, ya no lo recuerdo muy bien; nací en 1945. De repente, empecé a soltar alguna tontería que otra, así que enseguida acudimos al médico. Me hicieron cientos de pruebas y esta vez sí, un diagnóstico claro y rápido. El maldito alemán llamaba a la puerta de mi cabeza. Yo que siempre había tenido tan buena memoria…

Alzheimer, enfermedad, historias que importan¿Sabes que estudié Derecho? Lo hice por mi padre, lo adoraba y él era abogado, así que no podía estudiar otra cosa. Ejercí algunos años hasta que, por diversos motivos, empecé a trabajar en Moncloa. Entré diez días después de que Felipe empezara su mandato y allí estuve hasta que se fue. Gestionaba todos los temas relacionados con los servicios externos y sus trabajadores. De primeras me pareció un trabajo más bien aburrido pero, madre mía, cómo me la liaron…

¿Qué te estaba contando? ¡Ah, sí! Los primeros meses después del diagnóstico fueron duros. No pude evitar plantearme cómo sería el futuro, mi vida, acompañada del maldito alemán. No obstante, aunque me llevó un tiempo aceptarlo y asumirlo, opté por lo que dice el refranero de «al mal tiempo, buena cara». Qué podía hacer si no… Además, desde el primer día tuve acceso a un medicamento en investigación y eso ya era mucho más de lo que había tenido mi madre.

Pues lo que te decía. Los trabajadores querían convocar una huelga para pedir un aumento de sueldo. No podía permitirlo; ¿te imaginas en esos tiempos una revuelta en Moncloa? Me senté con ellos y llegué a un acuerdo. Los quería mucho, pero qué mal me lo hicieron pasar. Menos mal que tuve una buena recompensa. Me llamó la secretaria de Felipe para felicitarme y me preguntó si necesitaba algo. Le dije que sí, que quería que él me invitara a desayunar. Debió pensar que estaba loca, pero aceptó. Estuvimos tres horas charlando. Esa época fue buena, aprendí mucho y fui muy feliz.Alzheimer, enfermedad, historias que importan

He tenido suerte, el tratamiento ha ayudado a ralentizar la enfermedad. En comparación con otras personas tampoco estoy tan mal. Peor fue lo de mi hija. Eso sí que fue injusto. Era tan joven… Pero la muy puñetera me dejó una buena responsabilidad. Antes de morir me dijo que yo tenía que ser la fuerte de la familia, por mi marido y por mi hijo, y lo cumplo. «Mamá, por favor, sé fuerte», me pidió. Y eso hago, no puedo quejarme y amargarles la vida; ellos también sufren.

La muerte de un hijo no se olvida; eso no lo consigue ni esta enfermedad.

Así que aquí estoy, con el Alzheimer a cuestas, pero lo llevo bien. Fíjate que hasta ahora tenía revisiones cada tres meses y en la última, que fue hace poco, la doctora me dijo que estaba tan bien que no quería verme hasta dentro de seis meses. Creo que la clave está en seguir haciendo lo de siempre, mantener la actividad diaria. Yo escribo, leo y sigo haciendo fotos. Me encanta la fotografía y nunca salgo de casa sin la cámara. Hago fotos a todo lo que se me pone a tiro.

Tengo mis limitaciones. Ya no me atrevo a salir de mi pueblo. Me da miedo equivocarme o perderme, pero por aquí paseo a diario. Me cuelgo el móvil y la cámara del cuello, y a caminar… Sabes, me gusta mucho hacer fotos y nunca salgo del portal sin la cámara. Llevo muchos años así y estoy bien; he aprendido a tolerarlo. La verdad es que he tenido una vida fantástica.

Lo único que no hago es ir a Madrid sola. Supone un riesgo que no tengo necesidad de afrontar. Aunque creo que si no tuviera Alzheimer tampoco iría; me da como miedo.

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13 Comentarios

Ana Domínguez 06. 03. 2018 - 14:18

Maravilloso. Qué fortaleza, qué espléndida capacidad de seguir adelante conuna sonrisa.

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Dolors 06. 03. 2018 - 14:26

Así es Ana, Cristina tiene una fortaleza increíble. Un saludo.

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Sandra 06. 03. 2018 - 18:28

Qué lección de vida y de lucha…

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Dolors 06. 03. 2018 - 19:57

Así es, Sandra. Cristina es una valiente.

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Pacocollantes 07. 03. 2018 - 12:15

Palo, ¿por qué eres tan maravillosa? Te quiero mucho (rectifico: muchiiiiisimo). Que ese Boggy que trajimos de, creo recordar, Nueva York y que desde entonces lo observa todo desde el salón de tu casa , te proteja y te cuide. Junto con Jesusito, por supuesto

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Maria B. 07. 03. 2018 - 12:55

Valiente y luchadora. Me da miedo pensar que un día pueda ser mi madre o yo misma…

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Dolors 07. 03. 2018 - 13:15

Te entiendo, María. En ese aspecto, poco podemos hacer para controlar la vida, así que creo que lo mejor es vivirla lo mejor que podamos.

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Mercedes 07. 03. 2018 - 15:41

Me ha chiflado esta historia

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Dolors 07. 03. 2018 - 15:46

Gracias, Mercedes. Me alegro de que te haya gustado.

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Irene 07. 03. 2018 - 20:11

Gracias por la historia, es una enfermedad que da mucho miedo y ver personas felices que la padecen es de agradecer. Cierto que es muy dura para los familiares también

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Dolors 07. 03. 2018 - 21:10

Gracias a ti por leerla, Irene. El marido de Cristina me dijo que él lo llevaba bien. Que hacían vida normal.

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Tina 11. 03. 2018 - 22:03

Cristina es y ha sido siempre maravillosa. Tengo la suerte de conocerla desde antes de su enfermedad y entonces era igual que ahora: optimista, disfrutona, amorosa, peleona, la mejor persona del mundo mundial. Cada vez que nos vemos me llena de cariño y de alegría. Y su marido es su amor y su mayor apoyo. Gracias, Dolors, por retratarla tal y como es.

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Dolors 12. 03. 2018 - 22:31

Tina, que gusto leer tu comentario. Hasta el día de la entrevista, no conocía a Cristina más que por correo electrónico, así que me alegra mucho saber que he sabido plasmarla tal y como es. Un abrazo.

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