Construí mi primer robot a los 15 años

11. 02. 2018

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Competir en países tan lejanos como Qatar y Estados Unidos, crear una competición nacional junto con otros compañeros, dar charlas y talleres sobre el tema, aprender, crecer como persona y muchas cosas más. Jamás me hubiera podido imaginar que mi interés por la robótica podría llevarme a vivir todo esto. Y cuando pienso que todo empezó en mi colegio de Palafrugell…

Siempre me gustaron mucho los coches teledirigidos; disfrutaba pudiendo controlar los aparatos. Así que a los nueve años, tras algunas averiguaciones, descubrí la robótica y fuimos a una tienda de Barcelona para ver qué opciones había. Sin embargo, los kits eran demasiado caros. Me tocaría seguir jugando con Legos durante unos años.

No obstante, eso no hizo que abandonara. Seguí investigando y en cuarto de ESO encontré una competición americana que se organizaba también en España, Vex Spain. Con unos robots parecidos a los de Meccano, pero con motor y mejor tecnología. ¿Cuál era el problema? Pues que el kit inicial costaba 1100 euros y, evidentemente, en casa no teníamos ese dinero para gastar en robots. No importaba, esta vez no pararía hasta lograr lo que quería; me había propuesto participar y lo iba a conseguir.

robot, juventud, futuro, historias que importan, robóticaAdemás del dinero, me faltaban compañeros para componer el equipo, así que empecé por ahí. Se lo pedí a mis amigos y enseguida conseguí formar un grupo de tres. Nos faltaba una persona y convencimos a un amigo que, en realidad, no estaba interesado. Aceptó a cambio de no tener que hacer nada. Curiosamente sería uno de los que más se acabaría implicando. Es lo que tiene la robótica, crea adicción.

Una vez formado el equipo, debíamos conseguir financiación. Primero organizamos una pequeña campaña de microfinanciación, pero no logramos reunir suficiente dinero y decidimos pedirle a nuestra escuela que cubriera parte de los gastos. Así que con 15 años tuvimos que preparar una presentación en PowerPoint para presentar el proyecto y alcanzar nuestro propósito. Ese día pasamos muchos nervios y ya te puedes imaginar cómo estaba el chico que, en teoría, no tenía que hacer nada. Pobre, qué mal lo pasó.

No solo aprendimos a hacer presentaciones, sino que conseguimos que la escuela se hiciera cargo del kit inicial entero. A cambio, el robot se quedaba en la escuela y debíamos participar en su nombre en la competición. No era lo que yo había pensado, pero no me importó. Por fin iba a construir un robot. Nos convertimos en «los del robot» y, como dice mi padre, fui el pionero de la robótica en la escuela.

Por aquel entonces la robótica todavía no se había puesto de moda. Los profesores sabían poca cosa y nosotros aún menos. Aun así, nos respaldaron en todo lo que pudieron. Nos dejaban trabajar en los descansos, las horas de tutoría y todos los momentos que se podía. Fueron unos meses muy intensos porque habíamos empezado tarde y el plazo de presentación se nos echaba encima. Pero nada pudo con nuestra ilusión. robot, juventud, futuro, historias que importan, robótica

No fue fácil: horas de trabajo dentro y fuera del horario escolar, pruebas, fallos, éxitos y mucha investigación. Siempre lo digo, en internet hay mucha información útil. Solo es cuestión de saber buscar. Foros, blogs, páginas web, todos ellos recursos que nos fueron de gran ayuda. En unos tres meses tuvimos nuestro robot. Nos había quedado bien y hacía bastantes cosas, o eso creíamos…

Competíamos en Gerona, así que primero fui a ver la convocatoria de Barcelona. Madre mía, no supe si reírme o ponerme a llorar. Allí había robots tan altos como yo, mientras que el nuestro tan solo levantaba tres palmos del suelo. En fin, me puse en modo analítico y empecé a valorar qué podíamos mejorar. Detecté nuestros fallos y me acerqué a otros grupos para preguntar qué debíamos cambiar para que nuestro robot hiciera lo mismo que el suyo o, por lo menos, algo parecido.

Así me di cuenta del gran compañerismo que hay entre los equipos. No te puedes ni imaginar lo fácil que fue que me dieran consejos y me ayudaran. Y esto todavía se haría más evidente en las siguientes competiciones, en las que tuvimos diversos problemas: el robot casi no se movía y no detectaba el color de las líneas. Hasta el mismo jurado nos explicó cómo mejorarlo. Es algo increíble, de verdad. Todos quieren ganar, pero no quieren que nadie pierda debido a un fallo. Fue una gran experiencia que me introduciría de lleno en el mundo de la robótica.

robot, juventud, futuro, historias que importan, robóticaEn esas competiciones conocí al grupo SalvauthPark, con los que me junté cuando me tocó dejar el Col·legi Sant Jordi, al empezar bachillerato. Con ellos no solo hemos competido en Qatar y en Estados Unidos, sino que hemos creado El Racó dels Robotaires –una entidad dedicada a la divulgación de la robótica educativa y a los proyectos tecnológicos– y su correspondiente campeonato de robótica, RoboCat.

Todos sabíamos lo complicado que era conseguir la inversión inicial que te exigen la mayoría de las marcas en sus campeonatos, por no hablar de que te obligan a utilizar sus propios materiales. Así que decidimos crear un campeonato al que pudiera acceder todo el mundo y que no limitara la creatividad. Lo logramos, RoboCat ya ha celebrado su tercera convocatoria. Es un certamen a nivel nacional en el que no se requiere una inversión muy grande para participar y en el que se acepta cualquier material. Accesible y asequible, las dos premisas que nos habíamos marcado.

En una ocasión participó un robot de madera. Lo recuerdo con mucho cariño, potencialmente podía hacerlo todo, pero no hacía nada… Igualmente les felicité, se lo merecían.

Aparte del campeonato, también impartimos cursos y talleres que, si bien sirven para financiar nuestros propios robots y viajes, lo que realmente pretenden es difundir las actividades relacionadas con este ámbito en escuelas, institutos y otros centros educativos. Es algo con lo que disfruto mucho, en especial con los talleres para familias. Me encanta ver cómo colaboran entre todos y la ilusión que le ponen los niños. Son muchas horas de trabajo y no siempre es fácil. Todos estudiamos y tenemos nuestros propios proyectos, yo mismo he estado construyendo un barco autónomo este año, pero merece la pena.

Realmente, tengo mucho que agradecerle a la directora del Col·legi Sant Jordi. Todo esto empezó gracias a ella y a su apoyo. Algo con lo que no he contado en bachillerato. «Deberías centrarte en los estudios, la selectividad es lo más importante…», daba igual que yo tuviera otros proyectos, solo había cabida para la selectividad. Si no hubiera sido por mis padres, que siempre han apostado por mí y mis proyectos locos, no sé si hubiera podido llegar hasta aquí. Han sido dos años duros en los que ellos han sido los únicos que me han apoyado. Estaría bien que el sistema educativo también respaldara a los estudiantes con ganas de hacer cosas nuevas y diferentes en todos los niveles… Eso sí, he aprobado la selectividad y podré estudiar lo que yo quería: ingeniería informática.

Un día tuve que ir a dar una charla al Mobile World Congress y mi profesor no quería que faltara a clase, a una clase que él tampoco iba a impartir porque también asistía al mismo congreso.

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2 Comentarios

Maria B. 12. 02. 2018 - 17:45

Acostumbrados a saber de los más mayores, me ha encantado tu aportación con la historia del joven Joan. Un joven que hará història!
Gracias Dolors por este relato; un rayo de esperanza para una nueva generación!

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Dolors 12. 02. 2018 - 18:21

Así es, Joan hará historia y, con él, muchos otros jóvenes.

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