Reinventarse a los 40 años

07. 01. 2018

Historias que importan, superación, reinventarse

A lo largo de mi vida me he reinventado muchas veces. He sido aprendiz de mecánico, camarero, cortador de piel, patronista, conductor de furgonetas y agente de seguros. Han sido muchos los cambios, algunos voluntarios y otros no; pero había que seguir adelante. Ya sabes, si la vida te da limones, haz limonada.

Mi primer trabajo fue de aprendiz de mecánico de ascensores. Traté de aprender, pero lo único que me permitían era barrer. «Yo estuve barriendo tres años», me decía mi jefe. Me cansé pronto. Lo mandé a freír espárragos y me fui a trabajar de camarero al bar de mis padres. Con quince años trabajaba de siete de la mañana a una de la madrugada. Eso sí, me escapaba por las tardes tres días a la semana para ir a entrenar. Maravillosa juventud…

Las cosas iban bien y mis hermanos y yo decidimos montar un negocio propio: una fábrica de pieles. Uno de ellos ya conocía el oficio; yo aprendí a cortar piel y me hice patronista. Sí, sí, sé coser. Se convirtió en un gran proyecto. Llegamos a tener cincuenta y cuatro trabajadores, que no es poco. Sin embargo, lo bueno resultó breve.

En 1971 me fui a la mili y cuando volví, un año más tarde, no quedaba nada. Los socios nos habían estafado treinta millones de pesetas y no nos quedó otra que hacer suspensión de pagos. Fue un verdadero golpe, se vieron afectadas demasiadas personas. Incluso mis padres, que para ayudarnos vendieron la casa donde crecimos. Aquella etapa la recuerdo como una de las más duras…

Historias que importan, superación, reinventarse

Acabamos cerrando esa empresa pero, como ya teníamos muchos clientes importantes, decidimos volverlo a intentar. Trabajábamos bien y teníamos un buen producto. ¿Qué podía salir mal? Durante unos años las cosas no pudieron ir mejor. Viajes a Marruecos a comprar pieles, ventas por toda Europa, abrigos de los más bonitos… Volvimos a hacer un buen trabajo. Fueron unos años fascinantes.

Pese a ello, la mala suerte o como quieras llamarlo parecía perseguirnos. ¿Conoces la expresión “siempre llueve sobre mojado”? Una vez más, nos vimos metidos en una estafa. Esta vez fueron un socio y un cliente los que se llenaron los bolsillos y nos dejaron colgados. Ahí sí lo perdí todo.

Por aquel entonces ya me había casado y tenía hijos, así que te puedes hacer una idea de lo que supuso quedarme sin trabajo y sin casa. Sí, esta vez nos tocó a nosotros. Nos habían quitado cincuenta millones de pesetas, de modo que lo único que pudimos hacer fue vender nuestro piso. Lo habíamos comprado en 1975 y en cinco años habíamos amortizado la hipoteca. No está mal ¿verdad? Era nuestro hogar, pero no había otra solución. Pronto encontramos comprador.

Es imposible describir lo que uno siente al llegar a casa y pensar que la ha perdido.

No queríamos que los niños notaran mucho el cambio y decidimos que, una vez vendido nuestro piso, alquilaríamos otro en la misma finca. La sorpresa vino cuando, en el momento de firmar la venta, el comprador me preguntó si conocía a alguien que quisiera alquilarlo. Eso es, buscaba inquilino para el piso que le estábamos vendiendo. Enseguida reaccioné, yo mismo se lo podía alquilar. Fácil y perfecto. Lo fue para los niños, pero no para nosotros.

¿Te imaginas salir por la mañana de tu casa y que al volver unas horas más tarde, aunque sigues ahí, ya no es tuya? Te aseguro que es muy duro. Si no llega a ser por mi mujer, no creo que hubiera podido salir adelante. Nunca se lo he dicho, sé que debería haberlo hecho, pero mi orgullo no me lo permite. Es una estupidez, lo sé, pero es superior a mí. Incluso he llegado a defender a las personas que nos hicieron daño delante suyo. No se merecía todo esto… Nunca le estaré suficientemente agradecido.

Historias que importan, superación, reinventarse

Pasamos unos años muy complicados. No es fácil recuperarse de algo así; sin embargo, tuve suerte. Un amigo me ofreció trabajo como conductor de una furgoneta. Allí estuve el tiempo que hizo falta, hasta que tuve la oportunidad de trabajar de agente de seguros. Había estado toda mi vida vendiendo cosas, por lo que reinventarme no me resultó complicado. Incluso llegué a ganar el premio al “mejor agente” de la compañía.

Nos fuimos recuperando y, con el tiempo, pudimos comprar otro piso. Con sus más y sus menos, las cosas nos han vuelto a ir bien. A fin de cuentas, así es la vida, te da algunos palos, pero hay que hacerles frente. Tienes gente al lado y no puedes dejarlos en la estacada.

Hay que seguir adelante, que la vida son dos días.

La clave está en saber perdonar y tomarse la vida con humor. El humor, además de mi mujer, es lo que más me ha ayudado a seguir adelante todos estos años. Algunos creen que no me tomo las cosas en serio o que no digo más que tonterías. Nada más lejos de la realidad, las bromas, las risas y la ironía me ayudan a no pensar en los problemas. Total, por muy serio que esté, seguirán ahí.

Historias que importan, superación, reinventarse, humor

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7 Comentarios

Tina 08. 01. 2018 - 08:52

Estupenda historia que nos anima a no darnos por vencidos.

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Dolors 08. 01. 2018 - 09:02

¿Verdad? Siempre hay una salida.

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Rosa María 09. 01. 2018 - 21:57

Una historia muy especial 🙂 Me ha encantado Dolors!

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Dolors 10. 01. 2018 - 09:57

Ya lo creo ya… ¡Gracias!

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Fanny 11. 01. 2018 - 11:27

Cuando operaron a mi padre, tus hermanos y tú estuvisteis allí. Vuestro humor, vuestra ironía, vuestros chistes, hicieron que pudiera afrontar arropada y muy querida uno de los días más difíciles de mi vida. Nunca te lo he dicho, pero gracias.

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M. M. J. Miguel 12. 01. 2018 - 20:46

Una crónica con la C mayúscula. Gran trabajo.

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Dolors 12. 01. 2018 - 20:53

Muchas gracias, Miguel. Me alegro de que te guste.

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