No me gustaba lo que veía en el espejo

10. 12. 2017

Historias que importan, anorexia, bulimia, superación, enfermedad, portrait, retrato

Mis padres nunca se dieron cuenta, siempre había estado delgada y había tenido problemas de salud relacionados con la alimentación. De pequeña comía más bien poco y fui una niña bastante enfermiza. Así que, cuando empecé a tontear con la comida, no notaron esos kilos de menos.

Todo empezó a los 14 años, en el instituto. De repente, pasé a vestir de negro y a fijarme demasiado en mi aspecto físico. No sé muy bien qué motivó ese cambio. Recuerdo que se hablaba mucho de la anorexia y la bulimia. Quizá por eso mis amigas se dieron cuenta enseguida, pero yo nunca me di por aludida. El problema lo tenían ellas, no yo.

Daba igual lo que hiciera, siempre me veía gorda.

Nunca les hice caso. Ese es uno de los principales problemas de la anorexia. Te ves gorda y sientes que nadie te comprende. No ven que tienes razón, que te sobran unos kilos. Ni tampoco son capaces de entender cómo esa barriga y esas piernas te afean y te hacen sentir mal, muy mal. Ese cuerpo no es tuyo. Esa chica reflejada en el espejo no eres tú.

Sin embargo, en mi casa no detectaron el problema y fue fácil disimular. Con las prisas, el trabajo y los quehaceres diarios nadie se fijaba en mí. Estaban acostumbrados a mis rarezas. Siempre había sido muy solitaria e introvertida. Nada les llamó la atención.

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Fueron pasando los años, alternando épocas de anorexia y bulimia, todo ello aliñado con litros de agua, cajas de laxantes y horas de gimnasio. Destruyendo mi cuerpo poco a poco, hasta que un día, tras nueve años jugándome la vida, reaccioné.

Estaba en cuarto de carrera. Para entonces había llegado a la talla 34. No sé cuánto pesaba, nunca me quise subir a la balanza. ¿Para qué…? Ya sabía que estaba demasiado gorda. El caso es que ese verano me quedé sola en casa durante un mes porque tenía que estudiar. Por fin, durante unas semanas, no tendría que disimular.

Sobreviví comiendo una chocolatina al día y bebiendo litros y más litros de agua. Había tocado fondo. Al ver lo que me estaba haciendo, me entraron escalofríos. ¿Cómo podía vivir así? ¿Cómo aguantaba mi cuerpo? Si llegaba más lejos, el daño sería irreparable. Hablé con mi médica de cabecera y le dije claramente que creía que tenía un problema. Me derivó al psicólogo de inmediato.

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Tienes que aceptar que tienes un problema, de lo contrario es imposible que te cures.

 

Ese hombre me cambió la vida. No sé muy bien cómo lo hizo, pero he de reconocer que hubo un antes y un después. En esos momentos yo leía mucho y él basó la terapia en hablar sobre mis libros. Recuerdo que entre libro y libro me explicaba cómo mis hábitos alimenticios me estaban destruyendo. Me hablaba de estudios científicos, me daba datos médicos… Poco a poco el mensaje fue cuajando.

 

Fui abandonando esos malos hábitos y empecé a comer con más normalidad, aunque no más cantidad. Eso no llegaría hasta más tarde. La verdad es que tan solo hace algunos años que como cantidades razonables. Pero lo que sí abandoné por completo fueron los laxantes, los ayunos, el consumo exagerado de líquidos, los empachos… Todo eso pasó a la historia.

Sé que cuando lo cuento así parece fácil, pero nada más lejos de la realidad. De hecho, a veces, sigue siendo complicado. Esto es un lucha contra uno mismo que no tiene fin. Actualmente me alimento bien y no hago tonterías. Peso 49,7 kg y, aunque no puedo evitar pensar que me sobran un par de kilos, soy muy consciente de que no puedo volver atrás. Me he hecho demasiado daño. Con 43 años tengo problemas de salud intestinales, neuronales y musculares, entre otros. Y todo esto me lo he hecho yo solita.

A veces me pregunto por qué no escuché a mis amigas o por qué no me ayudaron más. Pero en el fondo sé que ellas hicieron todo lo que pudieron. Era yo la que tenía que reaccionar y ver lo que me estaba haciendo. Yo misma tengo ahora una amiga que está muy mal y, por mucho que llamo a su puerta, no me la abre. Es frustrante, pero no pierdo la esperanza. Seguiré insistiendo, sé que no es imposible.

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2 Comentarios

Karla 13. 01. 2018 - 19:26

Mucho fuerza y amor para la protagonista de esta historia y gracias por compartirla.

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Dolors 13. 01. 2018 - 19:40

Gracias a ti por leerla, Karla. Le pasaré tu mensaje.

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