Mis padres nunca se dieron cuenta, siempre había estado delgada y había tenido problemas de salud relacionados con la alimentación. De pequeña comía más bien poco y fui una niña bastante enfermiza. Así que, cuando empecé a tontear con la comida, no notaron esos kilos de menos.

Mi sueño era ser mecánico y vivir fuera de España: sin embargo acabé siendo carpintero y enamorándome de una española. Ya ves, las cosas no siempre salen como nos las imaginamos y aun así se puede tener una buena vida. Con el oficio me tocó seguir la “dictadura de los padres” y con el amor, pues poco pude hacer, la verdad. Eso sí, fui un poco hippie y hasta que no me casé, no senté la cabeza.

Queríamos ser padres y en ningún momento nos habíamos planteado que las cosas podían ser complicadas. ¿Por qué debían serlo? Todas mis amigas se estaban quedando embarazadas sin problemas y ahora me tocaba a mí. No fue así. Empezamos a probar, pero nuestro turno no llegaba. Poco a poco, la maternidad se convirtió en un reto que parecía inalcanzable.

Si algo me define, es que me he quedado aquí, en el pueblo, cerca de los míos. Sé que a algunos les extrañará, al fin y al cabo hasta hace bien poco la gente creía que el que se iba volaba muy alto. Yo misma me lo llegué a creer. Eso de “ser de pueblo” estaba muy mal visto y la gente conseguía que te sintieras avergonzado de tus raíces. Pero ya no, este es mi mundo y soy la prueba de que en un pueblo pequeño también se puede llegar lejos y ser feliz.

En 1951, con trece años, fabriqué un teléfono y una radio de galena con cajas de puros junto con un amigo, con veintiuno me diplomé como radiotécnico y a los veintinueve, en 1967, abrí mi propio negocio y empecé a montar los primeros televisores en blanco y negro. El diploma me lo saqué con un curso por correo postal y estudiando por las noches, cuando terminaba mi jornada laboral de doce o catorce horas. Ahora dirían que fui un emprendedor, pero yo creo que lo único que hice fue trabajar duro para conseguir lo que quería.

Hace dieciséis años me diagnosticaron un cáncer de colon. Desde entonces he sufrido una embolia pulmonar, siete trombosis y dos reconstrucciones de colostomía, entre otras cosas. Nunca pensé que algo así me podría pasar. Yo siempre había cuidado de los míos. Me ocupé de mi padre cuando tuvo cáncer, me ocupé de mi madre y me he ocupado de mi marido y mi hija siempre que han estado enfermos. Yo cuidaba de los demás, no ellos de mí.

Bienvenida a Historias que importan, un espacio en el que me gustaría emocionarte, animarte, sorprenderte y, sobre todo, hacerte pensar. Es un objetivo ambicioso, lo sé, pero sinceramente creo que no es tan difícil porque esto va de personas y si de algo somos capaces es de emocionar, escuchar, aprender, inspirar y vivir.